El Pensador, ¿podría estar orando?

[1] Cortesía de http://www.freepik.com

Por Juan H. Gómez.-

Al observar la escultura “El pensador” de Auguste Rodin, muchos podrían hacerse las siguientes preguntas: ¿En qué piensa? ¿Quién es? ¿Por qué está desnudo? ¿Dónde se encuentra? ¿Está triste o preocupado? ¿Habrá perdido la razón o la esperanza? ¿Es libre o es esclavo? ¿Es pobre o es rico? ¿Está solo en el mundo? ¿Está enfermo? ¿Por qué está sentado en una roca y no en una silla? ¿Por qué los dedos de sus pies están agarrotados? ¿Por qué sus músculos están tensos? ¿Por qué su codo derecho está apoyado en su rodilla izquierda?

En mi contexto actual me pregunto: ¿Podría ser que este hombre esté orando?

El arte…

Se llama escultura (del latín sculptūra) al arte de modelar el barro, tallar en piedra, madera u otros materiales. Es una de las Bellas Artes en la cual el escultor se expresa creando volúmenes y conformando espacios. En la escultura se incluyen todas las artes de talla y cincel, junto con las de fundición y moldeado. [2]

La escultura, al igual que la arquitectura, permite al espectador vivir una experiencia multidimensional pues cada ángulo de observación brinda una interacción diferente con la obra.

El artista…

François-Auguste-René Rodin, nació en Paris (Francia) el 12 de noviembre de 1840 y falleció el 17 de noviembre de 1917. Es más conocido como Auguste Rodin y fue un gran escultor francés considerado el padre de la escultura moderna.

En 1860 realizó la primera escultura que se conserva del autor, el Busto de Jean-Baptiste Rodin, su padre. De estilo neoclásico, la obra nunca se expuso en vida del artista. En 1862 falleció su hermana Marie a los 26 años y para superar esta pérdida, el escultor ingresó en ese año a la Congregación del Santísimo Sacramento, en donde recibió el apelativo de Hermano Agustín.

La Congregación del Santísimo Sacramento comúnmente conocida como Sacramentinos, es un instituto religioso católico de derecho pontificio compuesto por sacerdotes, diáconos y hermanos fundado por San Pedro Julián Eymard. Con su vida y actividades, ayudan a la Iglesia en sus esfuerzos por formar comunidades cristianas cuyo centro de vida es la Eucaristía. Se comprometen a implementar este ideal en colaboración con hombres y mujeres laicos comprometidos en varios ministerios.

Para su formación y crecimiento artístico, resultó fundamental el viaje que emprendió a Italia. Ahí tuvo la oportunidad de conocer a los grandes maestros renacentistas, en particular la obra de Donatello y Miguel Angel.

La obra…

El 16 de agosto del año 1880, Edmund Turquet, subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes de Francia, comisionó una puerta decorativa que representara a la Divina Comedia de Dante para el futuro Museo de Artes Decorativas; dispusieron un taller en el que pudiera trabajar en este proyecto, el Dépôt de Marbres en Rue de l’Université.

Bautizada como La Puerta del Infierno, la obra representó el mayor reto plástico del artista. De ahí derivaron sus más emblemáticas esculturas como El Pensador, El Beso y Ugolino y sus Hijos. [3]

El Pensador  es una de las más famosas obras de Rodin y recibió originalmente el nombre “El Poeta”, ya que representaba al escritor italiano Dante Alighieri,  autor de la Divina Comedia, obra literaria que sirvió como una de las inspiraciones para la creación de La puerta del Infierno. Algunas versiones de esta escultura muestra al sujeto usando gorro frigio en su cabeza, algo común en la localidad florentina de Dante. Otras versiones no presentan este detalle pues para Rodin no tenía sentido la referencia a Dante estando El Pensador separado de La Puerta del Infierno. La versión más famosa de la obra es del 1904, mide 6 pies, es de bronce y descansa en los jardines del Museo Rodin en Paris, Francia. [4]

Comenzando por Paris, Francia y extendiéndose por todo el mundo, existen varias réplicas en diferentes materiales de esta obra hechas por originalmente por Rodin, también hay versiones hechas por otros artistas y artesanos. Universalmente la imagen de El Pensador es un icono del arte. [5]

Según apunta el investigador François Blanchètiere, esta escultura representa un cuerpo torturado y al mismo tiempo un hombre de espíritu libre decidido a trascender mediante la poesía. También de vocación dantesca, la obra personifica a Minos, juez de los infiernos que en la obra del italiano asignaba a los condenados a uno de los nueve círculos en función de sus pecados. [6]

 Es importante señalar que aunque el sujeto está sentado, no está en descanso o relajado. La incómoda posición, figura atlética y la tensa musculatura parecen querer indicar el gran esfuerzo que significa pensar. Como se expresa en la página del Museo de Arte de Filadelfia: “el acto de pensar es un poderoso ejercicio.” [7]

Podría estar orando…

¿Por qué pienso que podría estar orando? Leyendo parte de la historia de Rodin, vemos que las doctrinas espirituales no le eran del todo desconocidas pues estuvo en la Congregación del Santísimo Sacramento. Por otro lado, aunque a muchos les es familiar el orar de rodillas, esta posición de El Pensador no deja de ser familiar con la de aquellos que oran. La desnudez de este hombre también representa para mí la forma en que Dios ve nuestros corazones, no hay nada que podamos ocultarle al estar en Su presencia. Luego está toda esa tensión en el cuerpo, los detalles de los músculos, las posiciones de los dedos de los pies, el semblante donde no logro identificar en las fotos si los ojos están abiertos o cerrados aunque tiene el ceño fruncido; todos estos elementos junto a mi cosmovisión cristiana me hace reflexionar en que El Pensador podría ser más bien El Orador.

La oración implica a menudo una lucha entre lo que quieres y deseas y lo que realmente es correcto y debes hacer. Podemos ver en Lucas 22:41-44 (LBLA) como esta tensión y el drama que implica se manifiesta con Jesús al orar:

41 Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de rodillas, oraba, 42 diciendo: Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43 Entonces se le apareció un ángel del cielo, fortaleciéndole. 44 Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra.

También en Hebreos 5:7 (LBLA) plantea lo dramático que puede llegar a ser la oración:

Cristo, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente;

Dice Tim Keller en el capítulo dos de su libro La Oración: “No se me ocurre nada bueno que además sea fácil. La oración debe ser entonces, una de las cosas más difíciles del mundo.” Más adelante cita a Austin Phelps en su libro The Still Hour: “La primera cosa que aprendemos al intentar orar es nuestro vacío espiritual, y esta enseñanza es crucial. Estamos tan acostumbrados a estar vacíos que no reconocemos la vacuidad como tal hasta que comenzamos a tratar de orar. No la sentimos hasta que empezamos a leer lo que la biblia y otros han expresado sobre la grandeza y la promesa de la oración. Entonces, finalmente comenzamos a sentirnos solos y hambrientos. Es un primer paso importante en la comunión con Dios, pero es desorientador.” Keller finaliza este capítulo con lo siguiente: “La oración es asombro, intimidad, lucha, pero es el camino a la realidad. No hay nada más importante, ni más difícil, ni más enriquecedor, ni más transformador. No hay absolutamente nada tan grande como la oración.”

Dice Rodin sobre su propia obra: “Lo que hace que mi pensador piense es que él piensa no solo con su cerebro, sino con su ceño fruncido, sus fosas nasales distendidas y sus labios apretados, con cada músculo de sus brazos, espalda y piernas, con los puños apretados y sus dedos de los pies encogidos.” [8]

Finalmente…

No quisiera parecer terco contradiciendo al autor, pero independientemente de lo que el mismo Rodin opine o explique sobre su obra, cada espectador tiene una experiencia íntima y personal con el arte y en mi caso, esta expresión del “pensar” no contradice o se divorcia de la expresión del “orar”. Orar no es un abandono del pensamiento sumergidos en un mantra de palabras o repeticiones vanas, orar es conectar nuestra mente con la mente de Dios y eso amigos, en nuestra finita humanidad, es toda una hazaña que se logra por la gracia del mismo espíritu de Dios en nosotros.

Me gusta pensar que Dios trabaja con nosotros de la forma en que Wikipedia cita a Giorgio Vasari: “… el escultor saca todo lo superfluo y reduce el material a la forma que existe dentro de la mente del artista.”

Dios es el artista, el Gran Escultor y su palabra, la meditación en ella y nuestras oraciones, son los martillos y cinceles que utiliza con mucho cuidado, pero con firmeza, para ir sacando y quitando todo lo superfluo de nuestras vidas, reduciéndonos  a la forma más pura y esencial que existe dentro de su mente… Jesús.

¡Paz de Dios!

Imagine

Por Juan H. Gomez.-

La canción Imagine de John Lennon es una pieza artística emblemática. Tanto su melodía como sus letras son bastante reconocidas en gran parte del mundo.

La canción fue escrita en 1971 por Lennon junto a su esposa Yoko Ono. Es un llamado a la unión de los seres humanos y para lograr esa unión Lennon propone eliminar lo que a su juicio son los mayores obstáculos de la integración mundial: la religión, las fronteras y las clases económicas, entre otras cosas más subjetivas.

¿Realmente habría más unión en el mundo si elimináramos las religiones, las fronteras y las diferencias económicas?

En términos generales siempre me ha gustado esa canción y lo que representa dentro de la cultura popular, quizás la he cantado en algún karaoke o de vez en cuando la tarareo; sin embargo es importante destacar que no por ser agradable o familiar o por tener belleza musical, lírica o interpretativa es una guía prudente para el pensamiento humano. Dicho en otros términos: aunque me gusten mucho las películas de James Bond, no estaría de acuerdo con hacer en la vida real algunas de las cosas que él hace ni motivaría a otros a hacerlo.

<< Imagine there’s no heaven, It’s easy if you try, No hell below us, Above us only sky. Imagine all the people living for today. >>

Lo primero que Lennon propone es imaginarnos que no existen ni el cielo ni el infierno; al menos el concepto de cielo e infierno que la mayoría manejamos. Lennon no se refiere al cielo astronómico, azul, estrellado, infinito; más bien habla del lugar bíblico donde Dios reside junto a los ángeles y donde la biblia ha prometido llevarnos si tenemos fe. Ese lugar donde no hay maldad, donde no hay corrupción ni enfermedades, donde no hay muerte ni odio, ni egoísmo, ni envidia… ¿Por qué querría yo eliminar de mi pensamiento un lugar así? Entiendo que Lennon quiera borrar de su imaginación el infierno, ¡¿pero el cielo?!

Creo que el problema aquí no es que exista un cielo y un infierno, más bien creo que el problema tiene que ver con el concepto que cada persona tiene del cielo y del infierno y como llegamos a esos lugares dependiendo de nuestro comportamiento. Muchas personas han diseñado sus propios conceptos de cielo e infierno y han buscado seguidores para sus modelos personales de estos lugares y de cómo se llega a ellos. Que si usas falda o pantalón, que si ofrendas más o menos dinero, que si te portas bien o te portas mal, etc. La realidad de cielo e infierno tiene que ver más con la justicia y la misericordia de Dios y la forma de llegar a ellos descansa en la fe en Jesucristo.

En esta misma estrofa Lennon nos pide imaginarnos vivir para el presente. Esto implicaría no planificar, ni ahorrar, ni preocuparnos por los problemas del mañana. Aunque la biblia nos dice en Mateo 6:34 que no nos afanemos por el día de mañana, no lo dice para que vivamos sin previsión, sino que no permitamos que estas preocupaciones estén por encima de nuestra búsqueda personal de Dios, lo cual es lo más importante para un ser humano.

<< Imagine there’s no countries, It isn’t hard to do, Nothing to kill or die for And no religion too. Imagine all the people living life in peace… >>

En la segunda estrofa Lennon nos presenta la idea de imaginarnos un mundo sin fronteras, sin visas ni pasaportes. Creo que las fronteras comienzan en nosotros mismos, en cada individuo. Cuando ponemos barreras entre mi persona y el resto, entre lo que yo pienso y lo que piensan los demás, entre lo que yo quiero y lo que quieren los demás, es cuando esas fronteras van creciendo y pasamos de poner fronteras a nuestra persona individual a poner paredes alrededor de mi casa, luego fronteras en torno a mi familia, a mi vecindario, a mi ciudad, a mi pueblo, a mi país. Por más que derribemos las barreras geopolíticas siempre habrá muros personales.

Hemos visto como la Comunidad Europea aún se mantiene unificada, con sus ventajas y desventajas, hemos visto como las redes sociales han expandido el concepto de frontera más allá de lo que indican nuestros mapas. Aun así las barreras personales siguen ahí, igual que el primer día. No importa que abramos las fronteras si nuestros corazones se siguen cerrando a lo verdadero. Lo verdadero es Dios.

“Nada por lo que matar o morir”, esa frase me hace pensar nuevamente en el individuo. Creo que lo que más motiva al ser humano a matar o a morir es otro ser humano, entonces ¿Cómo resolvemos eso? Para que no haya nada por lo que matar o morir tendríamos que estar aislados de los demás y esa no es la idea. Quizás aquello de “amar al prójimo como a nosotros mismos” tenga mucho sentido en este contexto para poder imaginarlo correctamente.

Luego llega una de las propuestas más controversiales de la canción, imaginar un mundo sin religiones. Yo estoy de acuerdo siempre y cuando al hablar de religiones nos estamos refiriendo a cualquier tipo de organización o doctrina que nos aleje de Dios, de su propósito, de lo que Él quiere para nosotros. Algunas personas alegan que hoy en día el simple hecho de no pertenecer a ninguna religión es en sí mismo otra religión más. ¿Profundo eh?

Lo último de esta estrofa propone imaginarse que todos los seres humanos vivamos en paz. Eso me es fácil de aceptar. Puedo imaginarme eso cuando estoy individualmente en paz, pero cuando trato de imaginarlo estando todos juntos se me hace más difícil. No porque no quiera, es que las relaciones humanas son complicadas. Para lograr eso en conjunto tendría que haber algo en común: de un mismo partido político, de un mismo equipo de béisbol, de una misma raza, de una misma bandera. Es difícil, por no decir imposible, encontrar ese elemento en el cual todos los seres humanos se pongan de acuerdo como modelo de comportamiento. Dios propone a Jesús para encontrar la paz. Exploremos esa propuesta.

<< Imagine no possessions I wonder if you can, No need for greed or hunger, A brotherhood of man. Imagine all the people sharing all the world… >>

Analizaremos el coro al final y pasaremos a la tercera y última estrofa de la canción. Esta estrofa aparenta ser más cohesiva que las anteriores pues todos los versos guardan relación estrecha con un tema específico, en este caso las posesiones materiales. ¿Me puedo imaginar un mundo sin posesiones, donde todos compartan lo que tienen? Si, por supuesto. De hecho hay tribus que viven o han vivido bien de esa forma. La caza, la pesca, la agricultura es compartida. Las canoas, los caballos, las chozas, etc. Todo es compartido, nadie tiene nada y todos tienen todo. Eso me lo imagino. Lo que no me imagino es que dos hombres no se enamoren de la misma mujer o dos mujeres del mismo hombre y esto provoque ira o envidia. O que un hijo se sienta cómodo que no ser el favorito en la familia y esto genere celos entre hermanos.

A lo que quiero llegar es que aun viviendo en un mundo sin posesiones, donde todo se comparta, seguirán habiendo corazones malvados por razones que no tienen nada que ver con posesiones materiales.

<< You may say I’m a dreamer But I’m not the only one I, hope some day you’ll join us And the world will be as one. >>

Por ultimo tenemos el coro de la canción, que creo es la parte con la que más me identifico, no tanto por lo que dice sino porque me recuerdan a Pablo en 1 Corintios 2 cuando dice:

<< Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. >>

Lennon, al igual que Pablo, habla a un grupo de personas que pueden considerarlo un loco o un soñador y ambos hacen el llamado a dejar de lado el modo actual de vivir para alcanzar un nuevo estilo de vida que permita a todos tener la paz ansiada.

Lo que es muy diferente entre el mensaje de Lennon y el mensaje de Pablo es que el primero propone ideas para cambiar lo que está mal en el mundo, mientras que el segundo propone ideas para cambiar lo que está mal en el hombre, que a la larga es quien ocasiona lo que está mal en el mundo.

Lennon actúa sobre el efecto, Pablo actúa sobre la causa yendo a la raíz: reconocer que somos pecadores, cambiar el rumbo de nuestras vidas y aceptar la solución de Dios que es Cristo. Como dice la Palabra, todo lo demás vendrá por añadidura.

Inicialmente nos hicimos la siguiente pregunta:

¿Realmente habría más unión en el mundo si elimináramos las religiones, las fronteras y las diferencias económicas?

Mi respuesta es NO. Imagine es una buena canción con una interesante propuesta, pero debería llevarnos a la reflexión sobre lo que realmente está mal en nosotros en primera instancia y a luego actuar en consecuencia. No está mal imaginarnos un mundo perfecto, lo que sí está mal es quedarnos solamente en la parte de “imaginar” y no pasar a la parte de “actuar”.

Ya la humanidad tuvo un mundo como el que Lennon propone imaginarnos y lo pueden conocer en el Génesis de Las Escrituras; aun así preferimos corrompernos por el deseo de nuestro corazón. La mejor forma de arreglar el mundo es poniendo atención al que lo creó y que sabe dónde está el fallo. Busquemos a Dios en Su palabra y aceptemos a Jesús como nuestro medio de salvación.

¡Paz de Dios!

El Hijo del Hombre

Por Juan H. Gómez.-

Si hoy en día observara por primera vez la obra de arte de René Magritte que muestra a un hombre con traje ejecutivo, sombrero y una manzana frente a la cara, y no conociera el título de la misma, seguramente invertiría mucho tiempo pensando en el significado de la manzana. Mi mente se ocuparía mucho en elucubrar teorías y plantear metáforas; investigaría la simbología psicológica y emocional del artista o quizá me enfocaría en su contexto familiar y social; compararía con otros artistas sus técnicas plásticas, la composición, los colores, etc.

Sin embargo, siendo cristiano y sabiendo que la obra se llama “Hijo del Hombre”, mis pensamientos toman otro camino. Mi mente se ocupa en buscar a Jesús y su evangelio en esta obra, en interpretar los elementos y la composición de la misma en función de conceptos tales como pecado, condenación, arrepentimiento, sacrificio, resurrección, redención, salvación, justificación, adopción. ¿Qué elemento del cuadro me representa a mí? ¿Qué elemento del cuadro representa a Dios?

De acuerdo a Wikipedia René François Ghislain Magritte nació un 21 de noviembre de 1898, en Lessines, Bélgica y falleció el 5 de agosto de 1967, en Bruselas, Bélgica. Se destacó en el arte de la pintura surrealista y es especialmente conocido por sus imágenes ingeniosas y provocativas.

En sus cuadros es muy habitual ver juegos de duplicaciones, ausencias y representaciones dentro de representaciones; además, Magritte manipulaba imágenes cotidianas como un juego con el que explorar los límites de la percepción. Una de las obsesiones o motivo recurrente en su pintura es el encuentro de contrarios, de realidades contrastantes que se unen, resultando paradójicas y extrañas. Así, paisajes nocturnos iluminados por cielos claros con nubes (serie El imperio de las luces), botas que tienen la apariencia de pies descalzos, pesadas rocas o bolas de metal flotando ingrávidas en el aire. (https://es.wikipedia.org/wiki/Rene_Magritte)

No sé cuál era la opinión de Magritte respecto a Dios, no sé si era creyente, ateo o agnóstico, budista o hinduista; lo que si se es que Dios utiliza a cualquier persona para Sus propósitos.

Permítanme entonces compartirles de que forma mis sentidos perciben esta obra bajo el lente del Evangelio de Jesús.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”

Aprecio cierta cronología en la obra. Siento que la historia se va narrando desde atrás hacia adelante. Desde arriba hacia abajo. En el principio la creación: Cielo, Tierra, Mares, Luz, Vida. Se puede ver en el fondo el mar y el cielo. Es el génesis, donde todo inicia. Se pueden observar el horizonte y los diferentes tonos de azul en el mar que nos permite discernir distancia y profundidad. Tanto el mar como el cielo son a menudo utilizados como evidencia de la grandeza de Dios, de su infinita existencia.

“A Su imagen y semejanza”

Luego mientras observo el horizonte me encuentro con la figura del hombre. Una criatura hecha a imagen y semejanza del Creador; a quien le dieron la autoridad para ejercer dominio sobre los peces de ese mar y sobre las aves de ese cielo, sobre toda la tierra. “Varón y hembra los creó”, por lo que esta figura, aunque masculina, representa a toda la humanidad.

Dios compartía con este hombre y esta mujer de forma cotidiana, día a día conversaban, disfrutaban de la creación, trabajaban alegremente. Todo era perfecto.

“… pero del árbol del conocimiento”

Sí, a menudo se ha utilizado una manzana como representación de la fruta prohibida, como símbolo del pecado, sin embargo la biblia no especifica en ningún lugar que el “Árbol del Conocimiento” prohibido era un manzano. Eso es más bien parte de la cultura popular.

Aun así, para esta obra la referencia funciona bien, pues veo esa manzana frente al hombre y no puedo evitar pensar en el acto de desobediencia que provocó su caída y quebró su relación íntima con el Señor. Veo la manzana y no puedo evitar pensar en El Pecado.

La manzana ocupa prácticamente toda la cara del hombre como queriendo decir que ocupa toda su atención, que no piensa en ninguna otra cosa. En ese momento el hombre olvidó toda una perfecta creación, todo un perfecto Dios y toda una perfecta relación con Él, a cambio de una sola cosa, de un simple objeto, de un efímero deseo. Esta acción marcó lamentablemente un nuevo rumbo de toda la humanidad.

Es aquí donde el cielo se oscurece y se nubla. Es aquí cuando toda la ropa formal y elegante de este personaje (ataviado desde la cabeza y asumimos que hasta los pies), representa la vergüenza por su desnudez como se comenta en la Palabra: “… tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí.” (Gen 3:10); es aquí también donde cobra sentido el muro que está a la altura de la cintura del hombre, pues para mí representa el momento en que Dios expulsa al hombre del Edén y le bloquea la entrada con una espada encendida y querubines. Es aquí donde comienza la caída del hombre, de la humanidad, la decadencia de la perfecta creación, el distanciamiento de Dios.

Esa desobediencia tiene un precio: La Muerte. De acuerdo a la Ley de Dios el precio del pecado es la condenación a estar eternamente en el infierno (Rom 6:23).

“El Hijo del Hombre”

Bueno, en este punto no tengo más elementos para analizar del cuadro de Magritte y hasta donde pudo llegar mi interpretación quedamos en una situación de total desesperanza, de total tristeza, de total preocupación; la condenación del hombre por la justicia de Dios no deja espacio a nada positivo para nosotros, la humanidad. Sin embargo queda aún un elemento muy importante de la obra, que no se ve en la obra. Este elemento al que me refiero es el título del cuadro… “El Hijo del Hombre”.

Como dijimos al principio, este título “El Hijo del Hombre”, es lo que me hace apreciar la pintura desde una perspectiva cristiana, llevándome a cada una de las interpretaciones antes planteadas. Pero ¿por qué y de qué forma viene el título a cambiar el desesperanzador desenlace del cuadro según nuestra perspectiva?

Pues las Escrituras usan el término “Hijo del Hombre” para referirse a Jesús en muchas ocasiones, tanto en el Antiguo Testamento (Dan 7:11-14), como en el Nuevo Testamento (Hch 7:56, Ap 1:13, etc.) Incluso en alguna ocasión Jesús se refiere a sí mismo como “Hijo del Hombre”. Este concepto a mi entender explora la dimensión humana del ser divino. Podemos aplicar el término a nosotros mismos ya que todos somos hijos de algún hombre, en tal caso es reiterativo. Sin embargo, cuando lo aplicamos a Jesús estamos reconociendo a Dios haciéndose hombre como nosotros para cumplir la misión de salvación que conlleva su sacrificio en una cruz donde es pagado ese alto precio que implica nuestra deuda con el pecado.

Es el título mismo del cuadro que trae toda la esperanza del Evangelio, la “buena noticia” del Evangelio, pues el título es lo que hace referencia al Gran Salvador, por el cual volveremos algún día a la absoluta comunión con Dios.

¡Paz de Dios!

Arte y Cosmovisión

Por Esmeraldo V. Nolasco.

Existen quienes piensan que toda manifestación artística carece de significado objetivo y que por tanto es el observador quien identifica en la obra algún significado de orden puramente subjetivo, independiente de la intención original del artista. La sensación que se obtenga de la escena de la película Psicosis donde Vera Miles observa aterrada un asesino Anthony Perkins parado frente a la bañera con cuchillo a mano alzada, mientras en el fondo se escucha un sonido de violines en tono agudo y tenso, o, la interpretación que surja de la puesta en escena de la ópera Nabucco de Verdi, o, la percepción que se tenga de las novelas de terror de H. P. Lovecraft, es tema ya no del esteta consagrado a su arte, más bien lo es, con sensibilidad o no, del testigo que contempla la obra maestra. Tanto si se observa la imponencia de la escultura Mamá (Maman, en francés) en el museo Guggenheim en Bilbao como si se lee al latino Gabo, premio Nobel de literatura, en Cien años de soledad, existen quienes piensan que el valor de la obra está en el sujeto que la pondera. No en el objeto. Mucho menos en la intención del artista. Este hecho nos plantea una cuestión de una importancia monumental: ¿existe la verdad? Si es así ¿se puede ser objetivo? y dado que existe el individuo ¿cómo debo entender la subjetividad?

El Arte como Expresión del Individuo

Arte es expresión. Comunicación. Sujeto en acción. En otras palabras, es manifestar al mundo exterior parte del mundo interior del individuo que encuentra irreprimible sus deseos de hacer contacto con el prójimo, entendido como sociedad o individuo. Es aquí cuando arribamos al aspecto psicológico del arte. Porque desde que descubrimos que es el individuo quien hace arte, no la sociedad, dado que la sociedad es un constructo abstracto, un intangible, entramos a terrenos puramente psíquicos.


Un sujeto tiene experiencias vitales; normales, buenas y malas. O incluso desastrosas. Y de ello el sujeto, que además es artista o pretende serlo, tiene un modo particular de interpretar (sea verdad o no) lo que le sucede. Es entonces cuando surgen los traumas, si el individuo finalmente procesa de forma inadecuada su experiencia. O puede que surja algo bueno, dependiendo de los recursos psicológicos internos de que dispone el individuo. Precariedad, trauma, enfermedad, abundancia, relaciones rotas o construidas, seguridad, amor, temor, traición… son algunos de los temas que van moldeando al artista, como también le sucede a cualquier otro individuo, y que luego, muchos años después, expresa a modo de arte. Por una razón sencilla: todo aquello es lo que es él; es lo que lo ha formado. Como sabiamente decía Ortega y Gasset, “el hombres es el hombre y su circunstancia”. De ahí, como ejemplo, presentamos a la artista francesa Louise Bourgeois quien expresamente declaró que su imponente obra de arte Mamá representa episodios de su niñez relacionados con su madre, quien era una tejedora tierna y protectora, y su padre, que era infiel a su esposa y sin embargo ella toleraba. Hacía como si nada estuviera sucediendo, tal vez para preservar el hogar; o las experiencias que tallaron la obra de arte que hoy llamamos Cien años de soledad, cuyo tema subyacente, entre otros, es el poder. Como el mismo Gabriel García Márquez confesó en una entrevista que le hiciera una periodista, dijo: “en todas mis obras siempre he hablado del poder”. Siendo periodista y habiendo nacido y crecido en una Colombia que formaba parte de una América latina embestida por grandes dictadores, eso lo moldeó.


Y si también es verdad que el hombre de genio y creatividad (no en todos los casos) tiene una extraña e interesante relación con un temperamento más, digamos, melancólico, como el mismo Aristóteles afirmaba, no es menos cierto que también el mismo artista independientemente del temperamento que posea es moldeado por las circunstancias de la vida que le acaecen. Por tanto, él mismo es una obra de arte formada por manos invisibles.

El Arte como Expresión del Pensamiento

Más aún, toda expresión individual tiene algún tipo de contenido que al fin de cuentas es lo que apasiona comunicar. El puente que nos permite hacer una transición natural desde la estética (arte) hasta la ética (moral) es la filosofía. Es con los griegos que brotan los esfuerzos sistemáticos formales por comprender las manifestaciones artísticas y su relación con realidades intangibles pero de verdadero valor para el espíritu humano, tales como la belleza y la armonía. Lo opuesto también es cierto, es decir, la fealdad y lo desproporcional. No obstante, es importante tener en cuenta que las manifestaciones artísticas han ocurrido desde siempre, no sólo en sociedades civilizadas sino también en sociedades primitivas. En República Dominicana, de donde soy, se encuentra el parque nacional Cueva de las Maravillas donde existen centenas de representaciones del arte denominado rupestre. Un tipo de arte prehistórico que refleja entre otras cosas, los mitos y rituales de los indígenas. El punto es el siguiente: todo ser humano desde el mismo momento que toma conciencia de sí mismo tiene la necesidad de expresar su propia esencia, y el medio por excelencia para hacerlo es el arte. Pero esta expresión que llamamos arte está necesitada del mundo de las ideas de Platón. Por tanto, pensamiento y arte, o lo que es igual, filosofía y arte, siempre han caminado dulcemente agarradas de la mano.


El afamado psicólogo cognitivista de la universidad de Harvard, Howard Gardner nos da algunos ejemplos de lo que estamos diciendo: “las obras de arte han cambiado nuestra noción de lo artístico y, con frecuencia, también nuestra percepción del mundo.” Como científico de los procesos mentales y conducta identifica con claridad cómo el arte impacta nuestra manera de pensar, no sólo en aspectos locales sino, incluso, a escala universal. Dos palabras claves se encuentran en el comentario de Gardner, noción y percepción. Ambos conceptos son de naturaleza mental, intelectual, cerebral. Por tanto, del pensamiento. Howard continúa diciendo: “El Guernica de Pablo Picasso y las novelas de Ernest Hemingway o de André Malraux formaron o alteraron más concepciones de la guerra civil española que mil titulares de prensa.” Y concluye: “[los artistas] suscitan el cambio mental introduciendo en sus obras nuevas ideas…”.


Lo que tenemos aquí entonces, es que ninguna obra de arte viene desprovista de alguna significación objetiva, que pueden ser múltiples, tantas como la intención del autor lo permita. Aún el expresionismo abstracto, tan psicodélico en su naturaleza, contiene un mensaje objetivo que si bien es enriquecido con la contemplación individual del observador, no podemos olvidar que en el pensamiento detrás de este movimiento se encuentran temas como la angustia existencial y la desesperación. Más aun, el expresionismo abstracto tiene en su ascendencia genealógica al surrealismo, y éste a su vez al romanticismo, que fue al final del día, cuando todo se ha dicho y hecho, una reacción social al positivismo de corte racionalista que cifraba todas las esperanzas de la humanidad en el progreso y la Ciencia, la que luego terminaría defraudando al mundo con dos enormes guerras mundiales.


Ahora bien, el hecho de que cada pensamiento entraña una manera particular de ver el mundo nos da la potestad para llamarle ‘cosmovisión’, que no es más que una manera particular de interpretar el mundo a través de las propias ideas. Significa por implicación que una cosmovisión es un sistema de ponderación de lo que es correcto o incorrecto, lo que es deseado o indeseado, lo que es prioridad o irrelevante. En otras palabras, una cosmovisión es un sistema de valores.

El Arte como Expresión de una Época

Las expresiones artísticas son propias de uno o varios individuos (comunidad, sociedad) que en el pasado han sido influidos por un conjunto de experiencias, que entre otros elementos, son responsables del pensamiento de referida comunidad. Sumado a eso, hemos argumentado que todo pensamiento esta matizado por valores y prioridades particulares. Un ejemplo de esto son los carnavales que cada pueblo celebra como manifestación de una historia y costumbres compartidas, a veces a escala local (un poblado) y otras a escala nacional (un país). Sin embargo, todo esto no estaría completo si por descuido dejáramos fuera de este ensayo el elemento histórico. Lo que quiero decir es que, el numen, es una expresión de la psicología del individuo, producto de algún tipo de cosmovisión, pero que también está cincelada, enmarcada y predestinada por una época.


Según Francis Schaeffer, “en el norte de Europa, Van Eyck (1380-1441) fue el artista que abrió la puerta a la naturaleza dándole una nueva concepción, comenzando a pintar naturaleza real. Su pintura es de suma importancia y significado para el arte puesto que contiene el primer paisaje. […] Con ésta marcó la pauta para todos los fondos de la pintura posterior durante el Renacimiento”. Schaeffer nos continúa diciendo:


En 1435, Van Eyck pintó la Virgen del Canciller Rolin, que se halla actualmente en el Museo del Louvre de París. La característica más significativa radica en el hecho de que el canciller Rolin, situado frente a María, tiene la misma estatura que ella. María ya no se representa como un personaje superior y remoto, el canciller tampoco es ya una figura mucho más pequeña, como hubiera sido el caso en una pintura de un período anterior. Aunque junta sus manos en actitud de oración, el hombre se ha convertido en un igual de un personaje glorificado, en este caso el igual de María.


El mismo influjo se nota en los escritos de Dante y Petrarca, quienes desacralizan temas antaño sagrados, aunados a un nuevo gusto por la naturaleza. Y la mima tendencia ocurre en todas las esferas del arte. Pero, uno se pregunta ¿Qué está sucediendo aquí? La respuesta es triple: el hombre ya no es el mismo, las ideas están evolucionando y la época es otra.


En la Edad Media durante poco más de mil años las artes giraban en torno a las tradiciones religiosas, bajo la hegemonía de la iglesia católica romana. Pero con el surgimiento de los deseos nacionalistas independentistas de los pueblos europeos, sumado a los estallidos aquí y allá de hombres y mujeres que anhelaban una renovación religiosa, impulsados por una fe más razonable y menos tradicional, se inician cambios al principio sutiles, imperceptibles, para luego convertirse en grandes motores de movimientos sociales. Así, el deseo de libertad, la necesidad de pensar con mayor racionalidad e independencia (libertad de nuevo), son las semillas que van engendrando el humanismo. Con el humanismo se recupera el interés perdido por la naturaleza y otras inquietudes menos escolásticas. Esta cosmovisión, cuyos valores esenciales son libertad, naturaleza y razón trae como resultado el comienzo del rompimiento con una época culturalmente agotada para inaugurar una nueva, el renacimiento.


Pero son las necesidades y las coyunturas históricas las que van moldeando las ideas que posteriormente transforman a generaciones enteras.


El arte entonces es producto de profundos acontecimientos sociales. Nunca ocurre desde un vacío.


Como bien apuntaba José Ortega y Gasset:


Cada generación se yergue sobre los hombros de la generación anterior”; Y yo añado: …Y es a eso que llamamos Historia.

Conclusiones

Al principio de este ensayo planteábamos las preguntas de si era posible identificar con objetividad el significado de una obra de arte; y dado que existe un mundo estrictamente personal o subjetivo en el interior de cada individuo, especialmente el del artista, uno se pregunta si existe la verdad en el arte o si es posible incluso llegar a conocerla.


La intención nuestra es combatir la noción relativista (una cosmovisión peligrosa) que menosprecia la verdad y por consiguiente todo intento de objetividad, dando prominencia a la interpretación estrictamente subjetiva del individuo, el cual sin necesidad de elementos de juicio (como los cubiertos en este escrito) se arroja a proyectar significados ausentes en una obra cuyo valor real debe ser encontrado desde una interrogación a las intenciones del artista.


El relativismo como forma de pensar escupe en la cara a los absolutos morales como la verdad para sublevarse contra toda interpretación que procure enarbolar la verdad. Los males de este pensamiento van desde la interpretación de unas líneas literarias hasta la trivialización de las lecciones morales y espirituales a que nos expone el arte como medio del desarrollo humano.


Por ejemplo, este enfoque aplicado a las artes se vuelve todavía más terrible cuando rechazando la objetividad y el significado original (la verdad) de alguna obra artística, se arroja a interpretar algún pasaje de la biblia de forma antojadiza. Si es prosa bíblica, a los relativistas, no les importa un bledo las intenciones o circunstancias en que se escribió, simplemente arrojan sus significados irresponsables a diestra y siniestra. Si es poesía biblia, todavía mucho más porque dicen que es lenguaje figurado, ignorando que hasta las metáforas tienen una interpretación objetiva.


Se vuelve entonces una tendencia manipuladora y encubridora de la verdad. Pero la verdad nunca pasa de moda porque es atemporal, eterna. Esta tendencia a relativizarlo todo no sólo se encuentra en cuestiones religiosas, sino que permean todas las áreas del saber y las artes. Todavía más peligroso: permea nuestra manera de pensar sobre la vida y en consecuencia nuestra manera de vivir día a día.


De forma escueta numero mi respuesta a las inquietudes iniciales:


1. La verdad existe. Incluso en el arte. No podemos asumir un significado que no se encuentre en la obra de arte. Y aun cuando la obra sea por naturaleza de difícil interpretación, como de hecho algunos artistas pretenden que sea, partamos de lo indicios claramente establecidos para llegar a una mejor conclusión. Ah, otra cosa, en cuestiones poco claras, no se debe ser dogmatico.


2. Ser objetivo es esforzarse. No pudiéramos hablar de objetividad si la verdad no existiera. Pero existe. Y se impone. Se puede ser objetivo si trabajamos para conocer los hechos. Como decía Lee McIntyre en su ensayo Posverdad: “Todo el mundo tiene derecho a tener sus propias opiniones, a lo que no tenemos derecho es a tener nuestros propios hechos”. Investiga los hechos. Trabaja. Conoce las características de la época. Conoce el pensamiento dominante y sus matices.


3. La subjetividad es otra forma de objetividad. Lo es porque es un hecho que el individuo es como es. Lo que lo formó también es objetivo: experiencias, circunstancias, traumas, recursos, valores, crianza, oportunidades… para conocer al individuo debemos estudiar la historia del individuo.


Entonces y sólo entonces estaremos en mejor posición para entender el arte, incluyendo la mejor obra de arte de todas: la biblia y la naturaleza, por ser Dios mismo el artista.