De Picapiedra a X-Men (Parte II)

Y cuando uno se hace adulto, las cosas que de niño resultan divertidas empiezan ahora a lucir menos estimulantes y sobre todo se empiezan a filtrar con el filtro de una mente mucho más formada y con mayores elementos de juicio para comprender mejor las cosas.

Lo mismo sucede con los dibujos animados de la infancia. Me ha sucedido que por alguna contingencia he estado mirando la televisión viendo algunos cartoons de esos de infancia. Me alegro (si se puede llamar alegría a esa sensación indefinida) y me da cierta nostalgia. Inmediatamente después, surge un elemento que no estaba presente en las tardes pasadas de las vacaciones colegiales en casa de la tía. Me refiero a la mente racional de un adulto.

Entonces uno empieza a evaluar hasta sin quererlo cada escena, cada golpe de efecto, hasta la calidad del dibujo de cara a la época. Pero lo que quizá más peso tiene para la mente adulta es la temática que constituye la esencia de la historia. Es por eso que hoy día existen profesionales sociales de distintas ramas del saber analizando los contenidos ideológicos de tales o cuales “muñequitos”. 

Sin querer denostar los dibujos animados de mi infancia, lo que me propongo en esta segunda entrega, que he titulado De Picapiedra a X-Men II, es revisar la cosmovisión o la ideología que provee la estructura de las referidas series animadas.

La lucha por el origen

Superadas las etapas de la historia de la humanidad en donde básicamente cada tribu, pueblo o etnia tenía una teoría propia sobre los orígenes del universo (cosmogonía), la sociedad globalizada, avanzada y tecnológica de hoy ha reducido esencialmente a dos las teorías que dan cuenta de los orígenes de la vida en el planeta y en el universo. Estas teorías son la Creación  y la  Evolución. Son en realidad, dos maneras completamente distintas de interpretar la vida. Y cada una de ellas tiene consecuencias en la manera en que vivimos tanto como individuos y como sociedad.

La lucha por el predominio de estas ideas en nuestras mentes inicia desde los primeros años de vida del bebé. La naturaleza humana instintivamente busca respuestas que para ella sean válidas sobre el origen de la propia vida y la de todo lo que nos rodea. Nuestros padres nos inducen hacia uno u otro lado de estas cosmovisiones, probablemente al creacionismo. Casi inmediatamente después de haber nacido, a los tres años, el sistema escolar ejerce autoridad sobre nuestras mentes para darnos una forma particular: la que cualquiera de estas dos cosmovisiones presuponga en sus códigos filosóficos. La universidad finalmente termina por darle forma a nuestras mentes, probablemente hacia el evolucionismo. El resultado de este choque de visiones es una guerra en el campo de las ideas.

Los Picapiedra evolucionan a X-Men

Antes de la publicación del trabajo de Charles Darwin sobre El origen de las especies en 1859, las sociedades científicas y filosóficas tan sólo contaban con dos grandes opciones teóricas en las cuales fundamentar sus perspectivas sobre el origen del universo y la vida. Por un lado estaba el creacionismo bíblico con distintos matices aquí y allá (deísmo, teísmo), pero al final de cuentas creacionismo. Esta cosmovisión presupone la figura de un Dios inmaterial trascendente responsable del origen del mundo material. Por otro lado estaba la idea de un universo eterno que siempre estuvo ahí y que a razón de tanto tiempo de existir, había formado sistemas ordenados y con sentido como las galaxias y los planetas, así como la vida inteligente.

Una vez disponible una teoría que se podría articular como la explicación de todo (una teoría del todo), provista por Darwin, aquellos pensadores que huían por motivos de gusto más que de razonamiento del concepto de un Dios creador y explicativo de todo lo existente, muchos corrieron a refugiarse en los brazos de esta nueva teoría. Algunos de ellos fueron sinceros al confesar que la nueva teoría de Darwin no les convencía demasiado, pero funcionaba para alejar la ciencia del concepto de Dios.

Desde ese momento la teoría sobre los orígenes se encuentra a uno u otro lado de la bancada.

El telón y música de fondo de los Picapiedra encuadran más bien en la visión evolutiva darwinista de los orígenes de la vida y el universo. Se nos narra una historia muy entretenida sobre dos familias (los Picapiedra y los Mármol) que viven en la Prehistoria que, de manera sorprendente, tienen costumbres y ritmos de vida muy parecida a la sociedad actual. De hecho, la serie fue pensada para ser transmitida en horario de mayor audiencia en EEUU debido a que el público objetivo al que iba dirigida era el adulto. Los temas sobre apuestas, relaciones matrimoniales, hijos, infertilidad, adopción, trabajo, consumismo, son todos en esencia asuntos de adultos. Pero lo que deseo resaltar es la visión que subyace detrás, o más bien, la visión filosófica que permite una historia como esta. Desde el punto de vista del darwinismo evolucionista los seres humanos nos originamos a partir de una combinación (desconocida por cierto) de elementos químicos a ciertas temperaturas en una caldo acuoso golpeado repetidas veces por rayos eléctricos de la atmósfera primitiva, no se sabe cuántas veces pero son descabelladamente muchas. Y voila, la primera célula viva surge.

A partir de ahora empieza un carrera en donde esta célula compite consigo misma, superándose, pasando por largas etapas sucesivas de cambios esenciales hasta convertirse en…  ¡un Picapiedra! Esta visión de cambio aleatorio es clara en este mismo universo animado cuando nos presenta un cavernícola “menos” evolucionado (¿recuerdan al Capitán Cavernícola e hijo?). Me encantaba ese personaje. Deseaba que lo presentaran más a menudo, aunque era un personaje secundario. Eventualmente tuvo su propio show.

Pero lo que los Picapiedra no decían nunca era el conflicto terrible que de acuerdo al darwinismo evolutivo debería haberse formado tarde o temprano entre este hombre más avanzado y aquel otro menos desarrollado. Esta sola idea en el centro mismo de esta teoría desgarra de cuajo la dignidad de la vida (¿humana?) en convivencia armónica. Para sobrevivir y dominar el hábitat este otro hombre, los Picapiedra, deberían librarse, luchar, o al menos aislar a este otro cuasi hombre, capitán Cavernícola.

Eso es exactamente lo que sucede en el universo de los X-Men; Con un tono más violento dirigido a un público deseoso de mayores dosis de adrenalina. El Homo Sapiens, la humanidad en la etapa actual de la evolución, trata de descubrir y destruir a una nueva clase de hombres que han empezado a evolucionar (de formas descabelladas para la razón) y que por tanto constituyen una enorme amenaza contra la vida en la tierra tal y como la conocemos. Y ahí está la trama principal: supervivencia del más apto.

El gobierno de los Estados Unidos, paranoico, desarrolla enormes robots con la capacidad de descubrir el ‘’gen mutante’’ para luego barrer con dicha amenaza; por su parte, los mutantes se saben amenazados y algunos superiores, por lo tanto, se declaran hostiles hacia la humanidad. El resultado de todo esto es la desaparición inminente de una de las dos especies.

Las ideas tienen consecuencias

Luego de la publicación de la teoría darwiniana de la evolución, científicos sociales y pensadores de todo el mundo comenzaron a determinar el significado practico aplicado en la sociedad de estas ideas; la conclusión a la que llegaron es desgarradora: si el ser humano (Homo Sapiens) es un ser evolucionado (el que más) y al mismo tiempo el primer hombre surgió del África (negroide), entonces los hombres europeos (sajones y caucásicos) son la especie más evolucionada, y si esto es así, entonces la supremacía blanca sobre todas las demás etnias es no solo algo circunstancial sino que incluso está justificada. Así, la segregación negra por parte de los blancos americanos es completamente necesaria. Ni Lincoln ni Martin Luther King tenían razón.

Se sabe que la obsesión de Hitler por la legendaria raza Aria (inexistente) y el consecuente desprecio por los judíos (antisemitismo) encuentran su fundamento en la teoría de la eugenesia, forma de pensar sobre el tratamiento de la sociedad y los individuos derivada de las implicaciones prácticas de la evolución, en donde los individuos y sociedades con ‘’mejores’’ características y rasgos son los que deben propagarse y propiciarse más, mientras que los menos afortunados, según esta ideología, deben eliminarse mediante castración, eutanasia, esterilización, etc.

Porque al fin de cuentas todo es evolución, y si sólo los individuos más aptos sobreviven, por supuesto, todo por la causa. No importa si algo es inmoral, porque de hecho, en un universo surgido al azar y dirigido por fuerzas naturales ciegas, no existe tal cosa como la moralidad. Welcome to the jungle.

Ahora bien, no me malinterpreten, no sostengo que Los Picapiedra y los X-Men promovían este tipo de vida o sociedad. No lo creo porque el objetivo de estas historias no era adoctrinar sino entretener.

Sin embargo, cuando uno se hace grande, es imposible dejar de seguir el ritmo lógico de las cosas. Aquí es cuando uno deja escapar un suspiro mental y agradece a Hanna-Barbera y a Disney de no querer adoctrinarnos con las ideas detrás de algunas de sus historias.

Un breve caso a favor del Creacionismo

Por otro lado, existe un escenario radicalmente distinto y un aire fresco sopla las mentes de los que buscando adoptar una cosmovisión surgida del creacionismo bíblico, tratan de entender la vida, la sociedad y a ellos mismos. Si el hombre es producto, no del azar ciego, sino de un Dios inteligente y amoroso, que además ha hecho al ser humano a su imagen y semejanza, la única consecuencia lógica derivada de esto es el respeto por la dignidad de la vida humana. Que no existen etnias (porque somos una sola raza, la humana) superiores en términos de valor intrínseco, y que un ser humano enfermo o distinto a mi no es un accidente biológico desechable, sino mas bien, obra maestra del Dios perfecto, amoroso y sabio. Que la humanidad tiene un propósito que va mas allá de tan solo sobrevivir y luchar, y es amar y conocer a un Dios infinito que por infinito nunca se agota la tarea, y haciéndolo así, amar la perfección de la obra de la creación de Dios.

Entonces existe un fundamento firme para convivir decentemente en sociedad, administrar justicia, evitar la violencia, entre ella los feminicidios, respetar la autoridad, amar a la propia familia y evitar la degeneración moral progresiva que afecta a muchas sociedades. Entonces existe un fundamento firme para cultivar las artes, el espíritu, la literatura, la música, la pintura, la ciencia, la medicina, la astronomía, etc.

Porque claro, ahora uno ve que hay propósito, significado, identidad y satisfacción.

¿Ven? Las ideas tienen consecuencias.

Yo seguiré disfrutando de aquellos dibujos animados de infancia cada vez que pueda, pero sabré entender que una sociedad real no puede vivir bajo sus supuestos filosóficos. Porque la vida real no es así. Eso es pensar como adulto.

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