El Hijo del Hombre

Por Juan H. Gómez.-

Si hoy en día observara por primera vez la obra de arte de René Magritte que muestra a un hombre con traje ejecutivo, sombrero y una manzana frente a la cara, y no conociera el título de la misma, seguramente invertiría mucho tiempo pensando en el significado de la manzana. Mi mente se ocuparía mucho en elucubrar teorías y plantear metáforas; investigaría la simbología psicológica y emocional del artista o quizá me enfocaría en su contexto familiar y social; compararía con otros artistas sus técnicas plásticas, la composición, los colores, etc.

Sin embargo, siendo cristiano y sabiendo que la obra se llama “Hijo del Hombre”, mis pensamientos toman otro camino. Mi mente se ocupa en buscar a Jesús y su evangelio en esta obra, en interpretar los elementos y la composición de la misma en función de conceptos tales como pecado, condenación, arrepentimiento, sacrificio, resurrección, redención, salvación, justificación, adopción. ¿Qué elemento del cuadro me representa a mí? ¿Qué elemento del cuadro representa a Dios?

De acuerdo a Wikipedia René François Ghislain Magritte nació un 21 de noviembre de 1898, en Lessines, Bélgica y falleció el 5 de agosto de 1967, en Bruselas, Bélgica. Se destacó en el arte de la pintura surrealista y es especialmente conocido por sus imágenes ingeniosas y provocativas.

En sus cuadros es muy habitual ver juegos de duplicaciones, ausencias y representaciones dentro de representaciones; además, Magritte manipulaba imágenes cotidianas como un juego con el que explorar los límites de la percepción. Una de las obsesiones o motivo recurrente en su pintura es el encuentro de contrarios, de realidades contrastantes que se unen, resultando paradójicas y extrañas. Así, paisajes nocturnos iluminados por cielos claros con nubes (serie El imperio de las luces), botas que tienen la apariencia de pies descalzos, pesadas rocas o bolas de metal flotando ingrávidas en el aire. (https://es.wikipedia.org/wiki/Rene_Magritte)

No sé cuál era la opinión de Magritte respecto a Dios, no sé si era creyente, ateo o agnóstico, budista o hinduista; lo que si se es que Dios utiliza a cualquier persona para Sus propósitos.

Permítanme entonces compartirles de que forma mis sentidos perciben esta obra bajo el lente del Evangelio de Jesús.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”

Aprecio cierta cronología en la obra. Siento que la historia se va narrando desde atrás hacia adelante. Desde arriba hacia abajo. En el principio la creación: Cielo, Tierra, Mares, Luz, Vida. Se puede ver en el fondo el mar y el cielo. Es el génesis, donde todo inicia. Se pueden observar el horizonte y los diferentes tonos de azul en el mar que nos permite discernir distancia y profundidad. Tanto el mar como el cielo son a menudo utilizados como evidencia de la grandeza de Dios, de su infinita existencia.

“A Su imagen y semejanza”

Luego mientras observo el horizonte me encuentro con la figura del hombre. Una criatura hecha a imagen y semejanza del Creador; a quien le dieron la autoridad para ejercer dominio sobre los peces de ese mar y sobre las aves de ese cielo, sobre toda la tierra. “Varón y hembra los creó”, por lo que esta figura, aunque masculina, representa a toda la humanidad.

Dios compartía con este hombre y esta mujer de forma cotidiana, día a día conversaban, disfrutaban de la creación, trabajaban alegremente. Todo era perfecto.

“… pero del árbol del conocimiento”

Sí, a menudo se ha utilizado una manzana como representación de la fruta prohibida, como símbolo del pecado, sin embargo la biblia no especifica en ningún lugar que el “Árbol del Conocimiento” prohibido era un manzano. Eso es más bien parte de la cultura popular.

Aun así, para esta obra la referencia funciona bien, pues veo esa manzana frente al hombre y no puedo evitar pensar en el acto de desobediencia que provocó su caída y quebró su relación íntima con el Señor. Veo la manzana y no puedo evitar pensar en El Pecado.

La manzana ocupa prácticamente toda la cara del hombre como queriendo decir que ocupa toda su atención, que no piensa en ninguna otra cosa. En ese momento el hombre olvidó toda una perfecta creación, todo un perfecto Dios y toda una perfecta relación con Él, a cambio de una sola cosa, de un simple objeto, de un efímero deseo. Esta acción marcó lamentablemente un nuevo rumbo de toda la humanidad.

Es aquí donde el cielo se oscurece y se nubla. Es aquí cuando toda la ropa formal y elegante de este personaje (ataviado desde la cabeza y asumimos que hasta los pies), representa la vergüenza por su desnudez como se comenta en la Palabra: “… tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí.” (Gen 3:10); es aquí también donde cobra sentido el muro que está a la altura de la cintura del hombre, pues para mí representa el momento en que Dios expulsa al hombre del Edén y le bloquea la entrada con una espada encendida y querubines. Es aquí donde comienza la caída del hombre, de la humanidad, la decadencia de la perfecta creación, el distanciamiento de Dios.

Esa desobediencia tiene un precio: La Muerte. De acuerdo a la Ley de Dios el precio del pecado es la condenación a estar eternamente en el infierno (Rom 6:23).

“El Hijo del Hombre”

Bueno, en este punto no tengo más elementos para analizar del cuadro de Magritte y hasta donde pudo llegar mi interpretación quedamos en una situación de total desesperanza, de total tristeza, de total preocupación; la condenación del hombre por la justicia de Dios no deja espacio a nada positivo para nosotros, la humanidad. Sin embargo queda aún un elemento muy importante de la obra, que no se ve en la obra. Este elemento al que me refiero es el título del cuadro… “El Hijo del Hombre”.

Como dijimos al principio, este título “El Hijo del Hombre”, es lo que me hace apreciar la pintura desde una perspectiva cristiana, llevándome a cada una de las interpretaciones antes planteadas. Pero ¿por qué y de qué forma viene el título a cambiar el desesperanzador desenlace del cuadro según nuestra perspectiva?

Pues las Escrituras usan el término “Hijo del Hombre” para referirse a Jesús en muchas ocasiones, tanto en el Antiguo Testamento (Dan 7:11-14), como en el Nuevo Testamento (Hch 7:56, Ap 1:13, etc.) Incluso en alguna ocasión Jesús se refiere a sí mismo como “Hijo del Hombre”. Este concepto a mi entender explora la dimensión humana del ser divino. Podemos aplicar el término a nosotros mismos ya que todos somos hijos de algún hombre, en tal caso es reiterativo. Sin embargo, cuando lo aplicamos a Jesús estamos reconociendo a Dios haciéndose hombre como nosotros para cumplir la misión de salvación que conlleva su sacrificio en una cruz donde es pagado ese alto precio que implica nuestra deuda con el pecado.

Es el título mismo del cuadro que trae toda la esperanza del Evangelio, la “buena noticia” del Evangelio, pues el título es lo que hace referencia al Gran Salvador, por el cual volveremos algún día a la absoluta comunión con Dios.

¡Paz de Dios!