De Picapiedra a X-Men (Parte I)

Por Esmeraldo V. Nolasco.


Incluso cuando la esperanza y la ciencia nos fallen, el arte sobrevivirá1.


Nostalgia


Cuando el dibujante William Hanna y el creador de guiones gráficos Joseph Barbera decidieron aunar esfuerzos y crear la productora de televisión y de cine Hanna-Barbera, no sospechaban el éxito abrumador con que la sociedad de la década de los sesenta acogería su trabajo. Caricaturas de televisión que forman parte del ADN de la cultura popular deben su origen a estos genios creativos. ¿Quién no siente añoranza al recordar la propia infancia? Recuerdo en la lejanía del tiempo mañanas de ensueño ambientadas en inocentes veranos de infancia en casa de mi tía. Uno se despertaba; y aunque renuente, uno se levantaba y se bañaba con una disciplina casi militar supervisado por la tía que no daba lugar para posponer la higiene personal. Luego, sólo quedaba la satisfacción del deber cumplido. Entonces era cuando uno pasaba a desayunar algún alimento nutritivo pero que no decepcionaba en sabor. Sólo entonces, librado de todos los deberes que un niño de 8 años pudiera tener en sus vacaciones colegiales, me dejaba absorber por los dibujos animados de la época.


¿Y qué veía un niño a principio de los 90? (nostalgia incluida) El oso Yogui, Tom y Jerry, Scooby-Doo, Los autos locos (la risita ahogada de Pulgoso era la risa más ruda y a la vez más cómica que jamás un perro tuvo, ¡ja!), Don gato y su pandilla, Tiro loco McGraw, Jonny Quest, El fantasma del espacio… Todos obra y arte de Hanna-Barbera. Gracias Hanna-Barbera por hacer nuestra infancia más feliz (los niños de hoy tal vez no corran con la misma suerte).


Sin embargo, tal vez los más icónicos de todos los dibujos animados de esta productora en especial fueron los universalmente conocidos como Los Picapiedra. Una serie animada de televisión producida en 1960 para ser transmitida en horario de máxima audiencia en los Estados Unidos. Porque en mi opinión, si algo tienen en común las generaciones de los años ‘60, ‘70, ‘80 y ‘90 es que todos los niños y adultos de estas épocas crecieron viendo en más de un setenta por ciento los mismos muñequitos y series de televisión. De tanto en tanto mi madre y yo hablamos con nostalgia de los muñequitos de su infancia que increíblemente también eran los míos. ¿Recuerdan todavía Fantasías animadas de ayer y hoy? eso es tan sólo uno de muchos ejemplos.


Pero lo inevitable ocurre. Uno crece y con uno los gustos también. Las épocas cambian y con ellas los intereses. Fue así como en el gusto de un niño nacido en la última mitad de la década de 1980 surgió un nuevo gusto por historias de mayor acción, mayor drama y mayor emoción. El nuevo milenio trajo todo eso, y más. No puedo señalar categóricamente al año 2000 como el punto de no retorno de una infancia perdida, o del punto de quiebre de la inocencia de las cuatro décadas previas al nuevo milenio. Pero lo sospecho.


Rudeza


Lo que sí es seguro es que fue en este año cuando el mundo del cine contempló anonadado el triunfo de la puesta en escena del resurgir del género de superhéroes con la película dirigida por Bryan Singer: X-Men. Las salas de cine estaban abarrotadas; a la gente le gustaban los efectos especiales, hombres lanzando ráfagas de rayos ultra caliente, otros con increíbles habilidades de telepatía, poder para controlar el clima y las tormentas, volar, etc. Una explosión de adrenalina y testosterona en la sala de cine.


La tierna infancia dio paso a la rebelde adolescencia y los relativamente pocos dibujos animados que se consumían eran casi en su totalidad los que aportaban un poco de entretenimiento agresivo: un objetivo difícil que lograr, un enemigo feroz que vencer –matar a veces–, una recompensa que una vez conseguida otorgaba la vanidad de la gloria. Una trama mucho más demandante, más compleja, con mucha más acción. Por eso recuerdo días sí días no, mis tardes de adolescente cuando todos los deberes estaban hechos, sentado viendo la nueva versión para la televisión del clásico de Stan lee, X-Men: evolution. Sí; Era otra cosa. Buenos tiempos aquellos.


Sabiduría


Nos encontramos ya en la segunda década desde el inicio del segundo milenio y aquellos días de antaño parecen difuminarse en la memoria, como si la neblina implacable de los tiempos antiguos se negara a dejarnos vislumbrar con aquella misma alegría algo más que un poco los días pasados. Como hemos dicho, las épocas cambian y con ellas nosotros también. Ahora los dibujos animados no forman parte de nuestra rutina. Hay otras responsabilidades y otras apetencias. Trabajo, estudios, relaciones familiares, amistad. Pero sobre todo una necesidad de comprender el universo, la vida, la sociedad, el prójimo y quizá lo más difícil, a uno mismo. Es en esta búsqueda, en este proceso de cambio, cuando surge la sabiduría. Uno empieza a comprender mejor las cosas que te rodean en la misma medida en que tus dudas comienzan a hacerse más grandes, pero también más racionales. Hay dudas necias. Que son tal vez las mayorías; pero las dudas racionales, las únicas dignas, son las que te empujan más y más hacia la rivera del río caudaloso del conocimiento y la sabiduría.


Es entonces cuando por fin uno se hace adulto.

Fuentes:

  1. Cita de Janet Maslin, crítica literaria y de cine para el periódico The New York Times.

El Pensador, ¿podría estar orando?

[1] Cortesía de http://www.freepik.com

Por Juan H. Gómez.-

Al observar la escultura “El pensador” de Auguste Rodin, muchos podrían hacerse las siguientes preguntas: ¿En qué piensa? ¿Quién es? ¿Por qué está desnudo? ¿Dónde se encuentra? ¿Está triste o preocupado? ¿Habrá perdido la razón o la esperanza? ¿Es libre o es esclavo? ¿Es pobre o es rico? ¿Está solo en el mundo? ¿Está enfermo? ¿Por qué está sentado en una roca y no en una silla? ¿Por qué los dedos de sus pies están agarrotados? ¿Por qué sus músculos están tensos? ¿Por qué su codo derecho está apoyado en su rodilla izquierda?

En mi contexto actual me pregunto: ¿Podría ser que este hombre esté orando?

El arte…

Se llama escultura (del latín sculptūra) al arte de modelar el barro, tallar en piedra, madera u otros materiales. Es una de las Bellas Artes en la cual el escultor se expresa creando volúmenes y conformando espacios. En la escultura se incluyen todas las artes de talla y cincel, junto con las de fundición y moldeado. [2]

La escultura, al igual que la arquitectura, permite al espectador vivir una experiencia multidimensional pues cada ángulo de observación brinda una interacción diferente con la obra.

El artista…

François-Auguste-René Rodin, nació en Paris (Francia) el 12 de noviembre de 1840 y falleció el 17 de noviembre de 1917. Es más conocido como Auguste Rodin y fue un gran escultor francés considerado el padre de la escultura moderna.

En 1860 realizó la primera escultura que se conserva del autor, el Busto de Jean-Baptiste Rodin, su padre. De estilo neoclásico, la obra nunca se expuso en vida del artista. En 1862 falleció su hermana Marie a los 26 años y para superar esta pérdida, el escultor ingresó en ese año a la Congregación del Santísimo Sacramento, en donde recibió el apelativo de Hermano Agustín.

La Congregación del Santísimo Sacramento comúnmente conocida como Sacramentinos, es un instituto religioso católico de derecho pontificio compuesto por sacerdotes, diáconos y hermanos fundado por San Pedro Julián Eymard. Con su vida y actividades, ayudan a la Iglesia en sus esfuerzos por formar comunidades cristianas cuyo centro de vida es la Eucaristía. Se comprometen a implementar este ideal en colaboración con hombres y mujeres laicos comprometidos en varios ministerios.

Para su formación y crecimiento artístico, resultó fundamental el viaje que emprendió a Italia. Ahí tuvo la oportunidad de conocer a los grandes maestros renacentistas, en particular la obra de Donatello y Miguel Angel.

La obra…

El 16 de agosto del año 1880, Edmund Turquet, subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes de Francia, comisionó una puerta decorativa que representara a la Divina Comedia de Dante para el futuro Museo de Artes Decorativas; dispusieron un taller en el que pudiera trabajar en este proyecto, el Dépôt de Marbres en Rue de l’Université.

Bautizada como La Puerta del Infierno, la obra representó el mayor reto plástico del artista. De ahí derivaron sus más emblemáticas esculturas como El Pensador, El Beso y Ugolino y sus Hijos. [3]

El Pensador  es una de las más famosas obras de Rodin y recibió originalmente el nombre “El Poeta”, ya que representaba al escritor italiano Dante Alighieri,  autor de la Divina Comedia, obra literaria que sirvió como una de las inspiraciones para la creación de La puerta del Infierno. Algunas versiones de esta escultura muestra al sujeto usando gorro frigio en su cabeza, algo común en la localidad florentina de Dante. Otras versiones no presentan este detalle pues para Rodin no tenía sentido la referencia a Dante estando El Pensador separado de La Puerta del Infierno. La versión más famosa de la obra es del 1904, mide 6 pies, es de bronce y descansa en los jardines del Museo Rodin en Paris, Francia. [4]

Comenzando por Paris, Francia y extendiéndose por todo el mundo, existen varias réplicas en diferentes materiales de esta obra hechas por originalmente por Rodin, también hay versiones hechas por otros artistas y artesanos. Universalmente la imagen de El Pensador es un icono del arte. [5]

Según apunta el investigador François Blanchètiere, esta escultura representa un cuerpo torturado y al mismo tiempo un hombre de espíritu libre decidido a trascender mediante la poesía. También de vocación dantesca, la obra personifica a Minos, juez de los infiernos que en la obra del italiano asignaba a los condenados a uno de los nueve círculos en función de sus pecados. [6]

 Es importante señalar que aunque el sujeto está sentado, no está en descanso o relajado. La incómoda posición, figura atlética y la tensa musculatura parecen querer indicar el gran esfuerzo que significa pensar. Como se expresa en la página del Museo de Arte de Filadelfia: “el acto de pensar es un poderoso ejercicio.” [7]

Podría estar orando…

¿Por qué pienso que podría estar orando? Leyendo parte de la historia de Rodin, vemos que las doctrinas espirituales no le eran del todo desconocidas pues estuvo en la Congregación del Santísimo Sacramento. Por otro lado, aunque a muchos les es familiar el orar de rodillas, esta posición de El Pensador no deja de ser familiar con la de aquellos que oran. La desnudez de este hombre también representa para mí la forma en que Dios ve nuestros corazones, no hay nada que podamos ocultarle al estar en Su presencia. Luego está toda esa tensión en el cuerpo, los detalles de los músculos, las posiciones de los dedos de los pies, el semblante donde no logro identificar en las fotos si los ojos están abiertos o cerrados aunque tiene el ceño fruncido; todos estos elementos junto a mi cosmovisión cristiana me hace reflexionar en que El Pensador podría ser más bien El Orador.

La oración implica a menudo una lucha entre lo que quieres y deseas y lo que realmente es correcto y debes hacer. Podemos ver en Lucas 22:41-44 (LBLA) como esta tensión y el drama que implica se manifiesta con Jesús al orar:

41 Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de rodillas, oraba, 42 diciendo: Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43 Entonces se le apareció un ángel del cielo, fortaleciéndole. 44 Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra.

También en Hebreos 5:7 (LBLA) plantea lo dramático que puede llegar a ser la oración:

Cristo, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente;

Dice Tim Keller en el capítulo dos de su libro La Oración: “No se me ocurre nada bueno que además sea fácil. La oración debe ser entonces, una de las cosas más difíciles del mundo.” Más adelante cita a Austin Phelps en su libro The Still Hour: “La primera cosa que aprendemos al intentar orar es nuestro vacío espiritual, y esta enseñanza es crucial. Estamos tan acostumbrados a estar vacíos que no reconocemos la vacuidad como tal hasta que comenzamos a tratar de orar. No la sentimos hasta que empezamos a leer lo que la biblia y otros han expresado sobre la grandeza y la promesa de la oración. Entonces, finalmente comenzamos a sentirnos solos y hambrientos. Es un primer paso importante en la comunión con Dios, pero es desorientador.” Keller finaliza este capítulo con lo siguiente: “La oración es asombro, intimidad, lucha, pero es el camino a la realidad. No hay nada más importante, ni más difícil, ni más enriquecedor, ni más transformador. No hay absolutamente nada tan grande como la oración.”

Dice Rodin sobre su propia obra: “Lo que hace que mi pensador piense es que él piensa no solo con su cerebro, sino con su ceño fruncido, sus fosas nasales distendidas y sus labios apretados, con cada músculo de sus brazos, espalda y piernas, con los puños apretados y sus dedos de los pies encogidos.” [8]

Finalmente…

No quisiera parecer terco contradiciendo al autor, pero independientemente de lo que el mismo Rodin opine o explique sobre su obra, cada espectador tiene una experiencia íntima y personal con el arte y en mi caso, esta expresión del “pensar” no contradice o se divorcia de la expresión del “orar”. Orar no es un abandono del pensamiento sumergidos en un mantra de palabras o repeticiones vanas, orar es conectar nuestra mente con la mente de Dios y eso amigos, en nuestra finita humanidad, es toda una hazaña que se logra por la gracia del mismo espíritu de Dios en nosotros.

Me gusta pensar que Dios trabaja con nosotros de la forma en que Wikipedia cita a Giorgio Vasari: “… el escultor saca todo lo superfluo y reduce el material a la forma que existe dentro de la mente del artista.”

Dios es el artista, el Gran Escultor y su palabra, la meditación en ella y nuestras oraciones, son los martillos y cinceles que utiliza con mucho cuidado, pero con firmeza, para ir sacando y quitando todo lo superfluo de nuestras vidas, reduciéndonos  a la forma más pura y esencial que existe dentro de su mente… Jesús.

¡Paz de Dios!

Imagine

Por Juan H. Gomez.-

La canción Imagine de John Lennon es una pieza artística emblemática. Tanto su melodía como sus letras son bastante reconocidas en gran parte del mundo.

La canción fue escrita en 1971 por Lennon junto a su esposa Yoko Ono. Es un llamado a la unión de los seres humanos y para lograr esa unión Lennon propone eliminar lo que a su juicio son los mayores obstáculos de la integración mundial: la religión, las fronteras y las clases económicas, entre otras cosas más subjetivas.

¿Realmente habría más unión en el mundo si elimináramos las religiones, las fronteras y las diferencias económicas?

En términos generales siempre me ha gustado esa canción y lo que representa dentro de la cultura popular, quizás la he cantado en algún karaoke o de vez en cuando la tarareo; sin embargo es importante destacar que no por ser agradable o familiar o por tener belleza musical, lírica o interpretativa es una guía prudente para el pensamiento humano. Dicho en otros términos: aunque me gusten mucho las películas de James Bond, no estaría de acuerdo con hacer en la vida real algunas de las cosas que él hace ni motivaría a otros a hacerlo.

<< Imagine there’s no heaven, It’s easy if you try, No hell below us, Above us only sky. Imagine all the people living for today. >>

Lo primero que Lennon propone es imaginarnos que no existen ni el cielo ni el infierno; al menos el concepto de cielo e infierno que la mayoría manejamos. Lennon no se refiere al cielo astronómico, azul, estrellado, infinito; más bien habla del lugar bíblico donde Dios reside junto a los ángeles y donde la biblia ha prometido llevarnos si tenemos fe. Ese lugar donde no hay maldad, donde no hay corrupción ni enfermedades, donde no hay muerte ni odio, ni egoísmo, ni envidia… ¿Por qué querría yo eliminar de mi pensamiento un lugar así? Entiendo que Lennon quiera borrar de su imaginación el infierno, ¡¿pero el cielo?!

Creo que el problema aquí no es que exista un cielo y un infierno, más bien creo que el problema tiene que ver con el concepto que cada persona tiene del cielo y del infierno y como llegamos a esos lugares dependiendo de nuestro comportamiento. Muchas personas han diseñado sus propios conceptos de cielo e infierno y han buscado seguidores para sus modelos personales de estos lugares y de cómo se llega a ellos. Que si usas falda o pantalón, que si ofrendas más o menos dinero, que si te portas bien o te portas mal, etc. La realidad de cielo e infierno tiene que ver más con la justicia y la misericordia de Dios y la forma de llegar a ellos descansa en la fe en Jesucristo.

En esta misma estrofa Lennon nos pide imaginarnos vivir para el presente. Esto implicaría no planificar, ni ahorrar, ni preocuparnos por los problemas del mañana. Aunque la biblia nos dice en Mateo 6:34 que no nos afanemos por el día de mañana, no lo dice para que vivamos sin previsión, sino que no permitamos que estas preocupaciones estén por encima de nuestra búsqueda personal de Dios, lo cual es lo más importante para un ser humano.

<< Imagine there’s no countries, It isn’t hard to do, Nothing to kill or die for And no religion too. Imagine all the people living life in peace… >>

En la segunda estrofa Lennon nos presenta la idea de imaginarnos un mundo sin fronteras, sin visas ni pasaportes. Creo que las fronteras comienzan en nosotros mismos, en cada individuo. Cuando ponemos barreras entre mi persona y el resto, entre lo que yo pienso y lo que piensan los demás, entre lo que yo quiero y lo que quieren los demás, es cuando esas fronteras van creciendo y pasamos de poner fronteras a nuestra persona individual a poner paredes alrededor de mi casa, luego fronteras en torno a mi familia, a mi vecindario, a mi ciudad, a mi pueblo, a mi país. Por más que derribemos las barreras geopolíticas siempre habrá muros personales.

Hemos visto como la Comunidad Europea aún se mantiene unificada, con sus ventajas y desventajas, hemos visto como las redes sociales han expandido el concepto de frontera más allá de lo que indican nuestros mapas. Aun así las barreras personales siguen ahí, igual que el primer día. No importa que abramos las fronteras si nuestros corazones se siguen cerrando a lo verdadero. Lo verdadero es Dios.

“Nada por lo que matar o morir”, esa frase me hace pensar nuevamente en el individuo. Creo que lo que más motiva al ser humano a matar o a morir es otro ser humano, entonces ¿Cómo resolvemos eso? Para que no haya nada por lo que matar o morir tendríamos que estar aislados de los demás y esa no es la idea. Quizás aquello de “amar al prójimo como a nosotros mismos” tenga mucho sentido en este contexto para poder imaginarlo correctamente.

Luego llega una de las propuestas más controversiales de la canción, imaginar un mundo sin religiones. Yo estoy de acuerdo siempre y cuando al hablar de religiones nos estamos refiriendo a cualquier tipo de organización o doctrina que nos aleje de Dios, de su propósito, de lo que Él quiere para nosotros. Algunas personas alegan que hoy en día el simple hecho de no pertenecer a ninguna religión es en sí mismo otra religión más. ¿Profundo eh?

Lo último de esta estrofa propone imaginarse que todos los seres humanos vivamos en paz. Eso me es fácil de aceptar. Puedo imaginarme eso cuando estoy individualmente en paz, pero cuando trato de imaginarlo estando todos juntos se me hace más difícil. No porque no quiera, es que las relaciones humanas son complicadas. Para lograr eso en conjunto tendría que haber algo en común: de un mismo partido político, de un mismo equipo de béisbol, de una misma raza, de una misma bandera. Es difícil, por no decir imposible, encontrar ese elemento en el cual todos los seres humanos se pongan de acuerdo como modelo de comportamiento. Dios propone a Jesús para encontrar la paz. Exploremos esa propuesta.

<< Imagine no possessions I wonder if you can, No need for greed or hunger, A brotherhood of man. Imagine all the people sharing all the world… >>

Analizaremos el coro al final y pasaremos a la tercera y última estrofa de la canción. Esta estrofa aparenta ser más cohesiva que las anteriores pues todos los versos guardan relación estrecha con un tema específico, en este caso las posesiones materiales. ¿Me puedo imaginar un mundo sin posesiones, donde todos compartan lo que tienen? Si, por supuesto. De hecho hay tribus que viven o han vivido bien de esa forma. La caza, la pesca, la agricultura es compartida. Las canoas, los caballos, las chozas, etc. Todo es compartido, nadie tiene nada y todos tienen todo. Eso me lo imagino. Lo que no me imagino es que dos hombres no se enamoren de la misma mujer o dos mujeres del mismo hombre y esto provoque ira o envidia. O que un hijo se sienta cómodo que no ser el favorito en la familia y esto genere celos entre hermanos.

A lo que quiero llegar es que aun viviendo en un mundo sin posesiones, donde todo se comparta, seguirán habiendo corazones malvados por razones que no tienen nada que ver con posesiones materiales.

<< You may say I’m a dreamer But I’m not the only one I, hope some day you’ll join us And the world will be as one. >>

Por ultimo tenemos el coro de la canción, que creo es la parte con la que más me identifico, no tanto por lo que dice sino porque me recuerdan a Pablo en 1 Corintios 2 cuando dice:

<< Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. >>

Lennon, al igual que Pablo, habla a un grupo de personas que pueden considerarlo un loco o un soñador y ambos hacen el llamado a dejar de lado el modo actual de vivir para alcanzar un nuevo estilo de vida que permita a todos tener la paz ansiada.

Lo que es muy diferente entre el mensaje de Lennon y el mensaje de Pablo es que el primero propone ideas para cambiar lo que está mal en el mundo, mientras que el segundo propone ideas para cambiar lo que está mal en el hombre, que a la larga es quien ocasiona lo que está mal en el mundo.

Lennon actúa sobre el efecto, Pablo actúa sobre la causa yendo a la raíz: reconocer que somos pecadores, cambiar el rumbo de nuestras vidas y aceptar la solución de Dios que es Cristo. Como dice la Palabra, todo lo demás vendrá por añadidura.

Inicialmente nos hicimos la siguiente pregunta:

¿Realmente habría más unión en el mundo si elimináramos las religiones, las fronteras y las diferencias económicas?

Mi respuesta es NO. Imagine es una buena canción con una interesante propuesta, pero debería llevarnos a la reflexión sobre lo que realmente está mal en nosotros en primera instancia y a luego actuar en consecuencia. No está mal imaginarnos un mundo perfecto, lo que sí está mal es quedarnos solamente en la parte de “imaginar” y no pasar a la parte de “actuar”.

Ya la humanidad tuvo un mundo como el que Lennon propone imaginarnos y lo pueden conocer en el Génesis de Las Escrituras; aun así preferimos corrompernos por el deseo de nuestro corazón. La mejor forma de arreglar el mundo es poniendo atención al que lo creó y que sabe dónde está el fallo. Busquemos a Dios en Su palabra y aceptemos a Jesús como nuestro medio de salvación.

¡Paz de Dios!

El Hijo del Hombre

Por Juan H. Gómez.-

Si hoy en día observara por primera vez la obra de arte de René Magritte que muestra a un hombre con traje ejecutivo, sombrero y una manzana frente a la cara, y no conociera el título de la misma, seguramente invertiría mucho tiempo pensando en el significado de la manzana. Mi mente se ocuparía mucho en elucubrar teorías y plantear metáforas; investigaría la simbología psicológica y emocional del artista o quizá me enfocaría en su contexto familiar y social; compararía con otros artistas sus técnicas plásticas, la composición, los colores, etc.

Sin embargo, siendo cristiano y sabiendo que la obra se llama “Hijo del Hombre”, mis pensamientos toman otro camino. Mi mente se ocupa en buscar a Jesús y su evangelio en esta obra, en interpretar los elementos y la composición de la misma en función de conceptos tales como pecado, condenación, arrepentimiento, sacrificio, resurrección, redención, salvación, justificación, adopción. ¿Qué elemento del cuadro me representa a mí? ¿Qué elemento del cuadro representa a Dios?

De acuerdo a Wikipedia René François Ghislain Magritte nació un 21 de noviembre de 1898, en Lessines, Bélgica y falleció el 5 de agosto de 1967, en Bruselas, Bélgica. Se destacó en el arte de la pintura surrealista y es especialmente conocido por sus imágenes ingeniosas y provocativas.

En sus cuadros es muy habitual ver juegos de duplicaciones, ausencias y representaciones dentro de representaciones; además, Magritte manipulaba imágenes cotidianas como un juego con el que explorar los límites de la percepción. Una de las obsesiones o motivo recurrente en su pintura es el encuentro de contrarios, de realidades contrastantes que se unen, resultando paradójicas y extrañas. Así, paisajes nocturnos iluminados por cielos claros con nubes (serie El imperio de las luces), botas que tienen la apariencia de pies descalzos, pesadas rocas o bolas de metal flotando ingrávidas en el aire. (https://es.wikipedia.org/wiki/Rene_Magritte)

No sé cuál era la opinión de Magritte respecto a Dios, no sé si era creyente, ateo o agnóstico, budista o hinduista; lo que si se es que Dios utiliza a cualquier persona para Sus propósitos.

Permítanme entonces compartirles de que forma mis sentidos perciben esta obra bajo el lente del Evangelio de Jesús.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”

Aprecio cierta cronología en la obra. Siento que la historia se va narrando desde atrás hacia adelante. Desde arriba hacia abajo. En el principio la creación: Cielo, Tierra, Mares, Luz, Vida. Se puede ver en el fondo el mar y el cielo. Es el génesis, donde todo inicia. Se pueden observar el horizonte y los diferentes tonos de azul en el mar que nos permite discernir distancia y profundidad. Tanto el mar como el cielo son a menudo utilizados como evidencia de la grandeza de Dios, de su infinita existencia.

“A Su imagen y semejanza”

Luego mientras observo el horizonte me encuentro con la figura del hombre. Una criatura hecha a imagen y semejanza del Creador; a quien le dieron la autoridad para ejercer dominio sobre los peces de ese mar y sobre las aves de ese cielo, sobre toda la tierra. “Varón y hembra los creó”, por lo que esta figura, aunque masculina, representa a toda la humanidad.

Dios compartía con este hombre y esta mujer de forma cotidiana, día a día conversaban, disfrutaban de la creación, trabajaban alegremente. Todo era perfecto.

“… pero del árbol del conocimiento”

Sí, a menudo se ha utilizado una manzana como representación de la fruta prohibida, como símbolo del pecado, sin embargo la biblia no especifica en ningún lugar que el “Árbol del Conocimiento” prohibido era un manzano. Eso es más bien parte de la cultura popular.

Aun así, para esta obra la referencia funciona bien, pues veo esa manzana frente al hombre y no puedo evitar pensar en el acto de desobediencia que provocó su caída y quebró su relación íntima con el Señor. Veo la manzana y no puedo evitar pensar en El Pecado.

La manzana ocupa prácticamente toda la cara del hombre como queriendo decir que ocupa toda su atención, que no piensa en ninguna otra cosa. En ese momento el hombre olvidó toda una perfecta creación, todo un perfecto Dios y toda una perfecta relación con Él, a cambio de una sola cosa, de un simple objeto, de un efímero deseo. Esta acción marcó lamentablemente un nuevo rumbo de toda la humanidad.

Es aquí donde el cielo se oscurece y se nubla. Es aquí cuando toda la ropa formal y elegante de este personaje (ataviado desde la cabeza y asumimos que hasta los pies), representa la vergüenza por su desnudez como se comenta en la Palabra: “… tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí.” (Gen 3:10); es aquí también donde cobra sentido el muro que está a la altura de la cintura del hombre, pues para mí representa el momento en que Dios expulsa al hombre del Edén y le bloquea la entrada con una espada encendida y querubines. Es aquí donde comienza la caída del hombre, de la humanidad, la decadencia de la perfecta creación, el distanciamiento de Dios.

Esa desobediencia tiene un precio: La Muerte. De acuerdo a la Ley de Dios el precio del pecado es la condenación a estar eternamente en el infierno (Rom 6:23).

“El Hijo del Hombre”

Bueno, en este punto no tengo más elementos para analizar del cuadro de Magritte y hasta donde pudo llegar mi interpretación quedamos en una situación de total desesperanza, de total tristeza, de total preocupación; la condenación del hombre por la justicia de Dios no deja espacio a nada positivo para nosotros, la humanidad. Sin embargo queda aún un elemento muy importante de la obra, que no se ve en la obra. Este elemento al que me refiero es el título del cuadro… “El Hijo del Hombre”.

Como dijimos al principio, este título “El Hijo del Hombre”, es lo que me hace apreciar la pintura desde una perspectiva cristiana, llevándome a cada una de las interpretaciones antes planteadas. Pero ¿por qué y de qué forma viene el título a cambiar el desesperanzador desenlace del cuadro según nuestra perspectiva?

Pues las Escrituras usan el término “Hijo del Hombre” para referirse a Jesús en muchas ocasiones, tanto en el Antiguo Testamento (Dan 7:11-14), como en el Nuevo Testamento (Hch 7:56, Ap 1:13, etc.) Incluso en alguna ocasión Jesús se refiere a sí mismo como “Hijo del Hombre”. Este concepto a mi entender explora la dimensión humana del ser divino. Podemos aplicar el término a nosotros mismos ya que todos somos hijos de algún hombre, en tal caso es reiterativo. Sin embargo, cuando lo aplicamos a Jesús estamos reconociendo a Dios haciéndose hombre como nosotros para cumplir la misión de salvación que conlleva su sacrificio en una cruz donde es pagado ese alto precio que implica nuestra deuda con el pecado.

Es el título mismo del cuadro que trae toda la esperanza del Evangelio, la “buena noticia” del Evangelio, pues el título es lo que hace referencia al Gran Salvador, por el cual volveremos algún día a la absoluta comunión con Dios.

¡Paz de Dios!

The Matrix: ¿Libertad o Esclavitud?

Por Juan H. Gómez.-

El arte del cine

Si cada disciplina artística es un lenguaje distinto de expresión y de comunicación, entonces el cine debe ser la disciplina artística más políglota del universo artístico. Digo esto porque en una misma obra cinematográfica se pueden conjugar música, pintura, teatro, escritura, danza, poesía, escultura, fotografía y casi cualquier otra manifestación artística que escape a mi memoria en este momento, para lograr niveles multidimensionales de expresión y comunicación.

Sin embargo esa capacidad multidimensional es solo una capa del llamado Séptimo Arte, su amplio rango artístico lo hace factible de ser utilizado para reflexionar tanto sobre ideas simples como sobre ideas bastante complejas y profundas. Lo hemos experimentado en el plano político, romántico, ecológico, místico, ficticio y religioso, por solo mencionar algunos. Adicional a eso el cine permite también manipular el tiempo, presentándonos en una misma obra el pasado, el presente y el futuro.

Matrix: La película

“Matrix” de 1999 es la primera entrega de la Trilogía “The Matrix” y es un ejemplo de esa riqueza de expresión que logra el cine al conjugar múltiples disciplinas artísticas.

Escrita y dirigida por Lilli y Lana Wachowsky, es un largo metraje de ciencia ficción que presenta muchos elementos de diferentes áreas del conocimiento humano: política, filosofía y religión entre otros; siendo algunos de estos elementos muy obvios, mientras que otros, no tanto.

Matrix plantea un mundo en el que los seres humanos están conectados cerebralmente a un sistema virtual (La Matriz), que crea un entorno simulado, una vida con todas sus cotidianidades: familia, trabajo, amor, muerte, aspiraciones, deseos, placeres, etc. Sin embargo en este mundo existe una lucha entre diferentes personajes, quienes de forma directa o indirecta caen dentro de una de estas tres categorías: Los que no saben nada de Matrix, los que sí saben de Matrix y la aceptan y los que sí saben y no la aceptan.

La Esclavitud de un Pueblo

La simulación de la vida cotidiana que produce Matrix para los que están conectados a ella es perfecta. Estas personas físicamente son mantenidas dentro de una cápsula y son alimentadas por tubos mientras permanecen en un letargo parecido al coma. Sin embargo ellos están convencidos mentalmente de que saborean un rico filete o un buen vino, de que corren en el parque o besan a sus parejas. Sus sentidos son estimulados de tal forma que llegan a sentir tanto alegría como tristeza, placer y sufrimiento auténticos.

En cierto momento de la película, una persona que había sido ayudado a desconectarse de Matrix negocia volver a ella a cambio de cierta información que posee y dentro de sus condiciones pide volver a conectarse siendo una persona rica, reconocida y respetada, olvidando todos los inconvenientes de su vida anterior. Es decir, esta persona cambió su vida complicada pero libre por una vida de esclavitud pero placentera. En Números 11:4-6 el pueblo de Israel se queja ante Moisés porque cuando eran esclavos en Egipto disfrutaban de mejores alimentos, sin embargo ahora como hombres libres solo tienen maná para comer. ¿Sera que realmente para nosotros tiene más valor el placer y la comodidad que la libertad?

En la película vemos que hay un pueblo que se ha ido formando con las personas que se han liberado de Matrix mediante la ayuda de otros. Es como una comunidad de refugiados que han escapado del cautiverio.

Este pueblo se llama Sion (en la Biblia esta palabra se usa para referirse a la Ciudad de David – 2 Sam 5:7) y sus habitantes procuran vivir clandestinamente pues son considerados “amenaza” por unos personajes llamados “agentes”, cuya misión es perseguir y eliminar a cualquiera que atente contra la integridad de Matrix.

Una Verdad que Libera

La gran amenaza para Matrix es que todos conozcan la verdad, la verdad de que el mundo en que están viviendo es una fantasía para manipularlos y subyugarlos. La mejor garantía que tiene de mantener sometidas a todas las personas es mediante la ignorancia y la distracción. Las máquinas que la custodian deben tratar a todo costo el evitar que se sepa que la libertad que creen tener los habitantes no es más que una vil esclavitud.

Un Salvador

En esta historia hay un salvador que es anunciado por un reconocido líder llamado Morfeo. Morfeo ha esparcido la noticia de que un mesías vendrá y liberará al pueblo de Sion de la esclavitud impuesta por Matrix. Este mesías, llamado Neo comenzó a ser visto por los demás como alguien con cualidades especiales y con capacidades muy superiores a todos, aunque con gran humildad y nobleza. Las hazañas de este “elegido” traían esperanza al pueblo de Sion y ganaba seguidores, pero al mismo tiempo ganaba detractores y enemigos. Tal era el poder de este personaje que se podía decir que hacia milagros tales como curar enfermos, volar por los cielos, controlar el ambiente y hasta resucitar muertos a la vida. ¿La mayor de sus proezas? Sacrificar su vida por los que amaba.

Ciertamente cuando vi la película por primera vez fue una gran experiencia sensorial, algo increíblemente impresionante artísticamente y un gran entretenimiento, con algunas reflexiones morales sobre temas como como la libertad, el honor, el amor, etc. Sin embargo, tiempo después ya siendo cristiano, volví a verla y tuvo ante mis ojos otra dimensión, pude reflexionar y relacionar la trama con personajes y pasajes bíblicos tales como: Cristo siendo el gran Salvador, Juan el Bautista siendo el profeta que anuncia su llegada, Israel como el pueblo elegido por Dios, los fariseos como aquellos “agentes” que tratan de mantener el statu quo que les confiere poder aunque sea a base de mentiras.

Una Decisión

Una de las situaciones que en esta película más me hace reflexionar bíblicamente parte del siguiente planteamiento que hace: para liberar a una persona de la esclavitud de Matrix alguien tendrá entrar a ese mundo falso y convencerla de que todo lo que está viviendo es una mentira, alguien tendrá que compartirle por así decirlo “un evangelio” de libertad.

Simbólicamente en la película a las personas atrapadas en Matrix se les ofrecen dos pastillas, una roja y otra azul: la pastilla azul hará que siga viviendo una vida de mentira, en una cómoda esclavitud; la pastilla roja le permitirá romper las cadenas que lo atan a este mundo falso y comenzar a conocer el mundo como realmente es y donde tendrá que luchar para mantener su libertad y su salvación.

Finalmente…

No estoy seguro de los objetivos que perseguían los creadores de esta película ni cuál era el mensaje real que querían compartir con la audiencia. No me consta que sean personas cristianas por lo que no puedo afirmar que buscaban un acercamiento entre el público y la figura de Jesucristo. De hecho, según algunos entendidos, en la película también hay elementos de otras religiones que yo en lo personal no identifico lamentablemente por mi carencia de conocimiento sobre ellas. Si es así, quizás los autores simplemente más que establecer algo buscaban que las diferentes audiencias se identificaran de alguna forma con la película. Quizás un fin meramente artístico o económico.

Independientemente de todo eso y del entretenimiento que me provee esta película, yo me gozo de poder reflexionar en el evangelio de Jesucristo al verla y descubrir como tantos principios bíblicos están arraigados en la cultura popular.

¡Paz de Dios amigos!

Arte y Cosmovisión

Por Esmeraldo V. Nolasco.

Existen quienes piensan que toda manifestación artística carece de significado objetivo y que por tanto es el observador quien identifica en la obra algún significado de orden puramente subjetivo, independiente de la intención original del artista. La sensación que se obtenga de la escena de la película Psicosis donde Vera Miles observa aterrada un asesino Anthony Perkins parado frente a la bañera con cuchillo a mano alzada, mientras en el fondo se escucha un sonido de violines en tono agudo y tenso, o, la interpretación que surja de la puesta en escena de la ópera Nabucco de Verdi, o, la percepción que se tenga de las novelas de terror de H. P. Lovecraft, es tema ya no del esteta consagrado a su arte, más bien lo es, con sensibilidad o no, del testigo que contempla la obra maestra. Tanto si se observa la imponencia de la escultura Mamá (Maman, en francés) en el museo Guggenheim en Bilbao como si se lee al latino Gabo, premio Nobel de literatura, en Cien años de soledad, existen quienes piensan que el valor de la obra está en el sujeto que la pondera. No en el objeto. Mucho menos en la intención del artista. Este hecho nos plantea una cuestión de una importancia monumental: ¿existe la verdad? Si es así ¿se puede ser objetivo? y dado que existe el individuo ¿cómo debo entender la subjetividad?

El Arte como Expresión del Individuo

Arte es expresión. Comunicación. Sujeto en acción. En otras palabras, es manifestar al mundo exterior parte del mundo interior del individuo que encuentra irreprimible sus deseos de hacer contacto con el prójimo, entendido como sociedad o individuo. Es aquí cuando arribamos al aspecto psicológico del arte. Porque desde que descubrimos que es el individuo quien hace arte, no la sociedad, dado que la sociedad es un constructo abstracto, un intangible, entramos a terrenos puramente psíquicos.


Un sujeto tiene experiencias vitales; normales, buenas y malas. O incluso desastrosas. Y de ello el sujeto, que además es artista o pretende serlo, tiene un modo particular de interpretar (sea verdad o no) lo que le sucede. Es entonces cuando surgen los traumas, si el individuo finalmente procesa de forma inadecuada su experiencia. O puede que surja algo bueno, dependiendo de los recursos psicológicos internos de que dispone el individuo. Precariedad, trauma, enfermedad, abundancia, relaciones rotas o construidas, seguridad, amor, temor, traición… son algunos de los temas que van moldeando al artista, como también le sucede a cualquier otro individuo, y que luego, muchos años después, expresa a modo de arte. Por una razón sencilla: todo aquello es lo que es él; es lo que lo ha formado. Como sabiamente decía Ortega y Gasset, “el hombres es el hombre y su circunstancia”. De ahí, como ejemplo, presentamos a la artista francesa Louise Bourgeois quien expresamente declaró que su imponente obra de arte Mamá representa episodios de su niñez relacionados con su madre, quien era una tejedora tierna y protectora, y su padre, que era infiel a su esposa y sin embargo ella toleraba. Hacía como si nada estuviera sucediendo, tal vez para preservar el hogar; o las experiencias que tallaron la obra de arte que hoy llamamos Cien años de soledad, cuyo tema subyacente, entre otros, es el poder. Como el mismo Gabriel García Márquez confesó en una entrevista que le hiciera una periodista, dijo: “en todas mis obras siempre he hablado del poder”. Siendo periodista y habiendo nacido y crecido en una Colombia que formaba parte de una América latina embestida por grandes dictadores, eso lo moldeó.


Y si también es verdad que el hombre de genio y creatividad (no en todos los casos) tiene una extraña e interesante relación con un temperamento más, digamos, melancólico, como el mismo Aristóteles afirmaba, no es menos cierto que también el mismo artista independientemente del temperamento que posea es moldeado por las circunstancias de la vida que le acaecen. Por tanto, él mismo es una obra de arte formada por manos invisibles.

El Arte como Expresión del Pensamiento

Más aún, toda expresión individual tiene algún tipo de contenido que al fin de cuentas es lo que apasiona comunicar. El puente que nos permite hacer una transición natural desde la estética (arte) hasta la ética (moral) es la filosofía. Es con los griegos que brotan los esfuerzos sistemáticos formales por comprender las manifestaciones artísticas y su relación con realidades intangibles pero de verdadero valor para el espíritu humano, tales como la belleza y la armonía. Lo opuesto también es cierto, es decir, la fealdad y lo desproporcional. No obstante, es importante tener en cuenta que las manifestaciones artísticas han ocurrido desde siempre, no sólo en sociedades civilizadas sino también en sociedades primitivas. En República Dominicana, de donde soy, se encuentra el parque nacional Cueva de las Maravillas donde existen centenas de representaciones del arte denominado rupestre. Un tipo de arte prehistórico que refleja entre otras cosas, los mitos y rituales de los indígenas. El punto es el siguiente: todo ser humano desde el mismo momento que toma conciencia de sí mismo tiene la necesidad de expresar su propia esencia, y el medio por excelencia para hacerlo es el arte. Pero esta expresión que llamamos arte está necesitada del mundo de las ideas de Platón. Por tanto, pensamiento y arte, o lo que es igual, filosofía y arte, siempre han caminado dulcemente agarradas de la mano.


El afamado psicólogo cognitivista de la universidad de Harvard, Howard Gardner nos da algunos ejemplos de lo que estamos diciendo: “las obras de arte han cambiado nuestra noción de lo artístico y, con frecuencia, también nuestra percepción del mundo.” Como científico de los procesos mentales y conducta identifica con claridad cómo el arte impacta nuestra manera de pensar, no sólo en aspectos locales sino, incluso, a escala universal. Dos palabras claves se encuentran en el comentario de Gardner, noción y percepción. Ambos conceptos son de naturaleza mental, intelectual, cerebral. Por tanto, del pensamiento. Howard continúa diciendo: “El Guernica de Pablo Picasso y las novelas de Ernest Hemingway o de André Malraux formaron o alteraron más concepciones de la guerra civil española que mil titulares de prensa.” Y concluye: “[los artistas] suscitan el cambio mental introduciendo en sus obras nuevas ideas…”.


Lo que tenemos aquí entonces, es que ninguna obra de arte viene desprovista de alguna significación objetiva, que pueden ser múltiples, tantas como la intención del autor lo permita. Aún el expresionismo abstracto, tan psicodélico en su naturaleza, contiene un mensaje objetivo que si bien es enriquecido con la contemplación individual del observador, no podemos olvidar que en el pensamiento detrás de este movimiento se encuentran temas como la angustia existencial y la desesperación. Más aun, el expresionismo abstracto tiene en su ascendencia genealógica al surrealismo, y éste a su vez al romanticismo, que fue al final del día, cuando todo se ha dicho y hecho, una reacción social al positivismo de corte racionalista que cifraba todas las esperanzas de la humanidad en el progreso y la Ciencia, la que luego terminaría defraudando al mundo con dos enormes guerras mundiales.


Ahora bien, el hecho de que cada pensamiento entraña una manera particular de ver el mundo nos da la potestad para llamarle ‘cosmovisión’, que no es más que una manera particular de interpretar el mundo a través de las propias ideas. Significa por implicación que una cosmovisión es un sistema de ponderación de lo que es correcto o incorrecto, lo que es deseado o indeseado, lo que es prioridad o irrelevante. En otras palabras, una cosmovisión es un sistema de valores.

El Arte como Expresión de una Época

Las expresiones artísticas son propias de uno o varios individuos (comunidad, sociedad) que en el pasado han sido influidos por un conjunto de experiencias, que entre otros elementos, son responsables del pensamiento de referida comunidad. Sumado a eso, hemos argumentado que todo pensamiento esta matizado por valores y prioridades particulares. Un ejemplo de esto son los carnavales que cada pueblo celebra como manifestación de una historia y costumbres compartidas, a veces a escala local (un poblado) y otras a escala nacional (un país). Sin embargo, todo esto no estaría completo si por descuido dejáramos fuera de este ensayo el elemento histórico. Lo que quiero decir es que, el numen, es una expresión de la psicología del individuo, producto de algún tipo de cosmovisión, pero que también está cincelada, enmarcada y predestinada por una época.


Según Francis Schaeffer, “en el norte de Europa, Van Eyck (1380-1441) fue el artista que abrió la puerta a la naturaleza dándole una nueva concepción, comenzando a pintar naturaleza real. Su pintura es de suma importancia y significado para el arte puesto que contiene el primer paisaje. […] Con ésta marcó la pauta para todos los fondos de la pintura posterior durante el Renacimiento”. Schaeffer nos continúa diciendo:


En 1435, Van Eyck pintó la Virgen del Canciller Rolin, que se halla actualmente en el Museo del Louvre de París. La característica más significativa radica en el hecho de que el canciller Rolin, situado frente a María, tiene la misma estatura que ella. María ya no se representa como un personaje superior y remoto, el canciller tampoco es ya una figura mucho más pequeña, como hubiera sido el caso en una pintura de un período anterior. Aunque junta sus manos en actitud de oración, el hombre se ha convertido en un igual de un personaje glorificado, en este caso el igual de María.


El mismo influjo se nota en los escritos de Dante y Petrarca, quienes desacralizan temas antaño sagrados, aunados a un nuevo gusto por la naturaleza. Y la mima tendencia ocurre en todas las esferas del arte. Pero, uno se pregunta ¿Qué está sucediendo aquí? La respuesta es triple: el hombre ya no es el mismo, las ideas están evolucionando y la época es otra.


En la Edad Media durante poco más de mil años las artes giraban en torno a las tradiciones religiosas, bajo la hegemonía de la iglesia católica romana. Pero con el surgimiento de los deseos nacionalistas independentistas de los pueblos europeos, sumado a los estallidos aquí y allá de hombres y mujeres que anhelaban una renovación religiosa, impulsados por una fe más razonable y menos tradicional, se inician cambios al principio sutiles, imperceptibles, para luego convertirse en grandes motores de movimientos sociales. Así, el deseo de libertad, la necesidad de pensar con mayor racionalidad e independencia (libertad de nuevo), son las semillas que van engendrando el humanismo. Con el humanismo se recupera el interés perdido por la naturaleza y otras inquietudes menos escolásticas. Esta cosmovisión, cuyos valores esenciales son libertad, naturaleza y razón trae como resultado el comienzo del rompimiento con una época culturalmente agotada para inaugurar una nueva, el renacimiento.


Pero son las necesidades y las coyunturas históricas las que van moldeando las ideas que posteriormente transforman a generaciones enteras.


El arte entonces es producto de profundos acontecimientos sociales. Nunca ocurre desde un vacío.


Como bien apuntaba José Ortega y Gasset:


Cada generación se yergue sobre los hombros de la generación anterior”; Y yo añado: …Y es a eso que llamamos Historia.

Conclusiones

Al principio de este ensayo planteábamos las preguntas de si era posible identificar con objetividad el significado de una obra de arte; y dado que existe un mundo estrictamente personal o subjetivo en el interior de cada individuo, especialmente el del artista, uno se pregunta si existe la verdad en el arte o si es posible incluso llegar a conocerla.


La intención nuestra es combatir la noción relativista (una cosmovisión peligrosa) que menosprecia la verdad y por consiguiente todo intento de objetividad, dando prominencia a la interpretación estrictamente subjetiva del individuo, el cual sin necesidad de elementos de juicio (como los cubiertos en este escrito) se arroja a proyectar significados ausentes en una obra cuyo valor real debe ser encontrado desde una interrogación a las intenciones del artista.


El relativismo como forma de pensar escupe en la cara a los absolutos morales como la verdad para sublevarse contra toda interpretación que procure enarbolar la verdad. Los males de este pensamiento van desde la interpretación de unas líneas literarias hasta la trivialización de las lecciones morales y espirituales a que nos expone el arte como medio del desarrollo humano.


Por ejemplo, este enfoque aplicado a las artes se vuelve todavía más terrible cuando rechazando la objetividad y el significado original (la verdad) de alguna obra artística, se arroja a interpretar algún pasaje de la biblia de forma antojadiza. Si es prosa bíblica, a los relativistas, no les importa un bledo las intenciones o circunstancias en que se escribió, simplemente arrojan sus significados irresponsables a diestra y siniestra. Si es poesía biblia, todavía mucho más porque dicen que es lenguaje figurado, ignorando que hasta las metáforas tienen una interpretación objetiva.


Se vuelve entonces una tendencia manipuladora y encubridora de la verdad. Pero la verdad nunca pasa de moda porque es atemporal, eterna. Esta tendencia a relativizarlo todo no sólo se encuentra en cuestiones religiosas, sino que permean todas las áreas del saber y las artes. Todavía más peligroso: permea nuestra manera de pensar sobre la vida y en consecuencia nuestra manera de vivir día a día.


De forma escueta numero mi respuesta a las inquietudes iniciales:


1. La verdad existe. Incluso en el arte. No podemos asumir un significado que no se encuentre en la obra de arte. Y aun cuando la obra sea por naturaleza de difícil interpretación, como de hecho algunos artistas pretenden que sea, partamos de lo indicios claramente establecidos para llegar a una mejor conclusión. Ah, otra cosa, en cuestiones poco claras, no se debe ser dogmatico.


2. Ser objetivo es esforzarse. No pudiéramos hablar de objetividad si la verdad no existiera. Pero existe. Y se impone. Se puede ser objetivo si trabajamos para conocer los hechos. Como decía Lee McIntyre en su ensayo Posverdad: “Todo el mundo tiene derecho a tener sus propias opiniones, a lo que no tenemos derecho es a tener nuestros propios hechos”. Investiga los hechos. Trabaja. Conoce las características de la época. Conoce el pensamiento dominante y sus matices.


3. La subjetividad es otra forma de objetividad. Lo es porque es un hecho que el individuo es como es. Lo que lo formó también es objetivo: experiencias, circunstancias, traumas, recursos, valores, crianza, oportunidades… para conocer al individuo debemos estudiar la historia del individuo.


Entonces y sólo entonces estaremos en mejor posición para entender el arte, incluyendo la mejor obra de arte de todas: la biblia y la naturaleza, por ser Dios mismo el artista.

Un Mundo Feliz: ¿Por Qué Dios y Shakespeare Importan en una Sociedad?

Por Esmeraldo V. Nolasco.

La ficción en la literatura ha sido caldo de cultivo para generar ideas variopintas que oscilan desde extravagancias de mundos extraterrestres imposibles hasta sociedades deshumanizadas y distópicas donde un nuevo orden mundial y cultural domina en la estructura de un gobierno central la totalidad de la sociedad humana civilizada. Aldous Huxley, novelista, ensayista y poeta inglés del siglo veinte fue agudo y penetrante cuando compuso el clásico de la literatura universal Un mundo feliz.

Un mundo feliz describe una sociedad humana avanzada que ha alcanzado un desarrollo tecnológico sin parangón donde los taxis voladores son ya, al menos da la impresión, cosas tan corrientes así como parte de un pasado reciente que ha empezado a convertirse en un pasado lejano; en el ámbito de la Ciencia se ha logrado dominar los conocimientos químicos y genéticos necesarios para aplicar la técnica de la clonación con la misma facilidad con que un carpintero corta un pedazo de madera; la política no es distinta, la humanidad ha dejado de sufrir las embestidas de gobiernos que se alternan cada tantos años y que a veces pueden ser buenos pero la mayor parte del tiempo son malos o muy malos (democracia), dando lugar a un único gobierno mundial de tiempo ilimitado.

No existen enfermedades, pues hay medicina para todo y para todos. La vejez es retrasada y las expectativas de vida son por mucho muy deseables. Tampoco la seguridad ni la economía ni el desempleo son un problema. No existe la fastidiosa barrera cultural, porque tampoco existe el odioso concepto del pasado: mi país. Tu país. En realidad, es lo más parecido a un paraíso socialista. Y si no es el mundo imaginado por Jhon Lenon, es uno muy parecido. Un mundo feliz.

Es entonces cuando la curiosidad generada por el sugestivo título de la novela nos inquieta y hace que nos preguntemos desde un mismo inicio: ¿Cómo ha logrado esta sociedad ser feliz?

Una Sociedad Feliz

La sociedad de Un mundo feliz puede estar especialmente interesada en el individuo más que en cualquier otro aspecto del imperio (porque es lo que es, aunque Huxley no le llame así en su novela). Después de todo ¿no son los individuos humanos los que conforman los grupos sociales que configuran la sociedad? Pues bien, el mayor avance del imperio se encuentra en su comprensión de la naturaleza humana y las avanzadas técnicas propiciadoras de felicidad a todos y cada uno de sus satisfechos ciudadanos. Pero todo tiene un costo; y el que se paga por la felicidad nunca es demasiado alto. De hecho, el imperio no escatima esfuerzo.

Como bien sabe la cúpula gobernante (en la novela siempre distante, desconocida, etérea, ausente y al mismo tiempo omnipresente) que la felicidad es el fin supremo del hombre, eso ofrecen a sus ciudadanos. Y aunque el mismo pueblo seguramente no conoce el concepto de felicidad (porque los dirigentes se cuidan mucho de no darles conocimientos inútiles que atenten contra su felicidad), no obstante, para los dirigentes es sinónimo de estabilidad política. Completa sumisión y lealtad ciega pero radical por parte de los gobernados.

Entonces ¿cómo luce la sociedad feliz?

Redefiniendo el Valor de la Vida

La primera escena de la novela te sumerge en un ambiente de laboratorio con tecnología vanguardista y científicos con mucho cerebro y pocas emociones. Estudiantes de ciencia recorren los pasillos del laboratorio guiados por el director del centro. Así lo describe Huxley:

Un edificio gris, achaparrado, de sólo treinta y cuatro plantas. Sobre la entrada principal se lee: “Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres”, y, en un escudo, la divisa del Estado Mundial: “Comunidad, Identidad, Estabilidad” […] fría a pesar del verano que reinaba en el exterior y del calor tropical de la sala, una luz cruda y pálida brillaba a través de las ventanas buscando ávidamente alguna figura yacente amortajada, alguna pálida forma de académica carne de gallina, sin encontrar más que el cristal, el níquel y la brillante porcelana de un laboratorio.

En la novela, el Centro de Incubación y Condicionamiento se trata de un establecimiento oficial en donde se clona y experimenta con células humanas. En la sociedad feliz se ha abolido la reproducción humana. Todo lo que existe, cada empleado, cada ciudadano, cada individuo (aunque no parece ser el caso de los dirigentes) es un clon. Por tanto, la dignidad de la vida humana es un pensamiento extraño, indigno. Cuando alguno muere el cadáver es cremado y, eso sí, con la avanzada tecnología de una sociedad civilizada, los gases y químicos resultantes del
cadáver en descomposición, como el fósforo y el oxigeno, son reutilizados como abono para las plantas. Lo único para lo que sirve la vida humana es para cumplir el propósito para el que se le clona. Trabajar. Producir. Consumir. Todo por y para el imperio. En el Estado Mundial eso es la vida: químicos bien combinados, temperatura en el límite adecuado, ebullición, intervención científica… Y nada más.

El tono tétrico que embarga el relato es casi deprimente.

Placer como Mecanismo de Control

En la sociedad feliz las personas son adictas al placer. Pero no al tipo de placer más puro y elevado como el amor entre un hombre y una mujer, o a la familia (palabra por cierto que provoca vergüenza a la sociedad feliz; es un concepto que sonroja), o el amor a Dios o a los amigos o la contemplación de un ideal elevado, como la patria (pero ese concepto no existe porque fue abolido hace tanto tiempo). Ni el placer resultante de haber comido una buena comida o bebido una Coca-Cola. La manera de decirlo del interventor fuera magistral si no hubiera sido tan inmoral:

Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto, a salvo; nunca está enferma; no teme la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas ni hijos ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma.

El placer entonces del mundo feliz es el vicio, la degradación moral y el entretenimiento indiscriminado. No suele suceder pero cada vez que a algún ciudadano comienza a surgirle la duda de las intenciones del imperio, o los instintos morales olvidados de la naturaleza humana resurgen desde el fondo de la conciencia, siempre existe la droga (soma) que suministra el imperio para anestesiar los sentidos y las sensaciones que amenazan la felicidad individual.

El Estado Mundial promueve el sexo libre como medio de diversión. Y el entretenimiento audiovisual con muchos efectos especiales y colores que estimulen sensaciones de bienestar. Casi siempre el contenido del entretenimiento es pornográfico.

Inutilidad del Pensamiento y la Individualidad

Como mecanismo de degradación y control la sociedad feliz promueve una política de odio al pensamiento. No tolera aquello que una vez se llamó lógica, y mucho menos la conoce. Porque el Estado Mundial siempre tiene la razón. Encarna la garantía del sentido común y la verdad. Y cuando de vez en cuando alguien es movido por el impulso de pensar, se avergüenza, se sonroja, se toma de inmediato el soma que todos en la sociedad feliz consumen, y que el imperio se ocupa que siempre carguen en el bolsillo.

Además, el Estado Mundial promueve la utilización diaria de los lugares de entretenimiento colectivo luego de cumplir con el horario de sus respectivas ocupaciones. La casa siempre es un lugar donde irse a dormir, no para estar en el silencio y la quietud que da la soledad y que tanto daño le hace a la felicidad. Se valora la colectividad por encima de todas las cosas. Porque de esta manera se evita el pensamiento individual que resulta tan nocivo a la estabilidad social.

Pero entonces surge una nueva pregunta: ¿Realmente es feliz la sociedad feliz?

Un Diálogo Revelador

El clímax de Un mundo feliz se enmarca en una escena improbable que termina desvelando las cortinas de las interioridades de la cúpula directiva del Estado Mundial en el personaje del interventor, Mustafá Mond, la persona de mayor poder en la trama de la novela. El narrador hace un acercamiento de cámara tan íntimo que es como si estuviéramos al otro lado del ventanal de una habitación interior del más importante palacio gubernamental en el imperio, escuchando la conversación entre un frío dictador y un perspicaz extranjero al que todos conocen como Jhon el
Salvaje, natural de Malpaís, un asentamiento humano mínimo e incivilizado que se encuentra fuera de los límites del imperio.

Mediante un giro de trama dramático, movidos por la curiosidad de comprenderse mutuamente, tiene lugar el diálogo más importante de la novela, consistente fundamentalmente en dos partes, el Arte y Dios.

Arte

Mustafá Mond estrechó la mano de los tres hombres; pero se dirigió al salvaje:
De modo que nuestra civilización no le gusta mucho, Mr. Salvaje –dijo.
No –dijo, con un gesto de negación con la cabeza.
Pero, John…empezó. Una mirada de Mustafá Mond lo redujo a un silencio abyecto.
Desde luego –prosiguió el salvaje, admito que hay algunas cosas excelentes. Toda esta música en el aire, por ejemplo…
“A veces un millar de instrumentos sonoros zumban en mis oídos; otras veces son voces…”
El rostro del salvaje se iluminó con profundo y súbito placer.
¿También lo ha leído? –preguntó-. Yo creía que aquí, en Londres, nadie conocía este libro.
Casi nadie. Yo soy uno de los poquísimos. Está prohibido, ¿comprende? Pero como yo soy quien hace las leyes, también puedo quebrantarlas.

En este punto es claramente visible la actitud autoritaria, cínica y manipuladora del interventor. El salvaje hasta siente vergüenza por expresar lo que piensa. Aun así continúa:

Pero ¿por qué está prohibido? –preguntó el salvaje. En la excitación que le producía el hecho de conocer a un hombre que había leído a Shakespeare, había olvidado momentáneamente todo lo demás. El interventor se encogió de hombros.
Porque es antiguo; ésta es la razón principal. Aquí las cosas antiguas no nos son útiles.

En la sociedad feliz todo lo catalogado como viejo es basura. Se rechaza lo viejo por ser viejo y se adopta lo nuevo por el simple hecho ser nuevo. En otras palabras, la belleza y la verdad no importan por ser atemporales. Sólo lo pragmático es importante.

¿Aunque sean bellas?
Especialmente cuando son bellas. La belleza ejerce cierta atracción, y nosotros no queremos que la gente se sienta atraída por cosas antiguas. Queremos que les gusten las nuevas.
[…] ¿Por qué no le permite leer Otelo?
[…] no lo entenderían.

La sociedad feliz es muy avanzada en materia tecnológica pero no conoce conceptos y palabras de índole moral, filosófica e incluso espiritual con los que hoy contamos. Valores espirituales como la belleza son peligrosos para la estabilidad del Estado. Esta prohibición, ha sido en parte el método más efectivo para el imperio de llevar felicidad a cada ciudadano.

En las palabras de Otelo (el salvaje) encontraba el vehículo adecuado para expresar su desprecio y su odio (a la cultura inmoral del Estado Mundial).

El salvaje guardó silencio un momento.
Sin embargo –insistió obstinadamente, Otelo es bueno, Otelo es mejor que esas películas.
[…] pero este es el precio de la estabilidad. Hay que elegir entre felicidad y lo que la gente llamaba arte puro. Nosotros hemos sacrificado el arte puro y en su lugar hemos puesto el sensorama y el órgano de perfumes (una forma degradada de placer mediante los sentidos).
Pero no tienen ningún mensaje. Sí, el mensaje consiste en emitir una gran cantidad de sensaciones agradables al público.

La estrategia de control de la felicidad en el imperio es evitar a toda costa que los ciudadanos piensen, y que si acaso piensan, nunca sea en cosas importantes. En especial en aquellas cosas que por su belleza elevan el espíritu humano.

Dios

–Arte, ciencia (imparcial)… creo que han pagado ustedes un precio muy elevado por su felicidad –dijo el salvaje, cuando se quedaron solos–. ¿Algo más, acaso?
–Pues… la religión, desde luego –contestó el interventor–. Antes de la guerra de los Nueve Años había una cosa llamada… Dios. […] Es un tema que siempre me ha interesado mucho. –Sacó de la caja un grueso volumen negro–. Supongo que usted no ha leído esto. El salvaje cogió el libro.
–La Sagrada Biblia, con el Antiguo y el Nuevo Testamento –leyó en voz alta.
–[…] Pero si usted conoce a Dios, ¿por qué no se lo dice a los demás? –preguntó el salvaje, indignado–. ¿Por qué no les da a leer estos libros que tratan de Dios?
–Por la misma razón por la que no les dejo leer Otelo: son antiguos; tratan del Dios de hace cientos de años. No del Dios de ahora.
–Pero Dios no cambia.
–Los hombres, sí.
–[…] Pero Dios es la razón que justifica todo lo que es noble, bello y heroico. Si ustedes tuvieran un Dios…
–Mi joven y querido amigo –dijo Mustafá Mond, la civilización no tiene ninguna necesidad de nobleza ni de heroísmo. Ambas cosas son síntomas de ineficacia política.

La conversación se extiende y termina con una exclamación de Jhon el Salvaje deseando todo lo contrario a la felicidad:

Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, peligro real, libertad, bondad, pecado.

Conclusiones

Flota una última pregunta en el aire: ¿de qué manera puede el mundo ser feliz?

En la novela Un mundo feliz Aldous Huxley entrega una composición en prosa cargada de ironía donde satiriza una sociedad que ha alcanzado un desarrollo (entre comillas) técnico y científico pero que ha renunciado a los valores morales porque ya no ve en ellos importancia. El arte (en su quinta manifestación, la literatura) y Dios han sido barridos de la cultura por motivos sumamente oscuros: impedir el pensamiento individual y así poder dominar la población mundial. Es a esto que el imperio llama felicidad. La ignorancia; la degradación moral; el entretenimiento vacío.

Cuando sacamos a Dios de la sociedad sacamos el fundamento de todo aquello que nos hace auténticamente humanos, pues es Dios el referente de lo que es bueno y malo, de la belleza y la fealdad. Y si sacamos a Dios, matamos el espíritu humano, que es, al final de cuentas, el que contempla la belleza para luego crear verdadero arte.

¿De qué manera puede el mundo ser feliz? La novela no lo dice. Pero lo que queda bastante claro es que no podemos ser felices si sacamos a Dios y el Arte de la sociedad.

Dios y el Arte son indispensables para la felicidad.

De Viajes en el Tiempo y la Soberanía de Dios: ¿Es Posible Alterar el Pasado?

Por Esmeraldo V. Nolasco.

Sin duda las historias de viajes en el tiempo han sido fascinantes desde el amanecer de los tiempos de la ficción literaria, la pantalla grande y chica, y resurgiendo desde nuevas plataformas y hasta formatos, las series de Netflix, Amazon y HBO por tan sólo mencionar algunas programaciones en streaming.


Pero antes de adentrarme en los detalles quiero poner sobre la mesa algunos señalamientos puntuales. Primero, debo decir que considero las tramas de viajes en el tiempo de las más interesantes en mi gusto personal; segundo, la complejidad que por naturaleza envuelve la trama, me resulta altamente estimulante desde una perspectiva puramente analítica e intelectual; y en tercer lugar, la gran pregunta que plantea este tipo de trama (¿Qué hubiera pasado si…?) empuja la imaginación a límites insospechados. Todo lo antes expuesto hace que para mí los relatos de viajes en el tiempo (ya sea pasado o futuro, no importa) resulten muy gratificantes como entretenimiento reflexivo.


Habiendo dicho eso, me gustaría hacer la transición hacia el cuerpo del artículo diciendo lo siguiente: y a pesar de todo lo que me gusta, es todavía eso. Ficción.


En otras palabras, la realidad es una ecuación matemática de muchas variables que sin embargo no puede (parece) ser alterada. Está perfectamente equilibrada. Realidad es pasado, presente y futuro (R = P1 + P2 + F) en armónico orden. Porque desde el momento (tiempo) en que esta ecuación es alterada (en teoría), quiero decir, mi pasado se convierte en mi presente y mi futuro se convierte en lo que fue mi presente, que en realidad es mi pasado, los engranajes de la máquina de la realidad comienzan a chirriar y a girar con una pesadez tan absoluta que surge lo que se ha llamado una paradoja temporal. Es ahí entonces cuando comienzan los verdaderos problemas; y acompañados de mucha jaqueca.

Realidad es pasado, presente y futuro (R = P1 + P2 + F) en armónico orden.


LA CULTURA POP AMA VIAJAR EN EL TIEMPO


Yo también. Clásicos del cine de los años ’80 y ’90 como Terminator y Doce Monos han hecho vibrar a los amantes de la ciencia ficción con tramas peliagudas e intrincadas en donde si la humanidad ha de sobrevivir, al menos como la conocemos, se debe evitar a toda costa que ocurran ciertos eventos que tienen el potencial de cambiarlo todo de un sólo plumazo, y para mal.


Una organización terrorista de propósitos oscuros que experimenta con armas biológicas; inteligencia artificial que evoluciona hasta lograr una conciencia y voluntad propia (Skynet) son tan sólo algunas de las causas del gran apocalipsis que la humanidad debe evitar. Sólo entonces, cuando llega el momento (tiempo) adecuado, aparece la figura del héroe para impedir la destrucción total. ¡Wao! Ya me siento emocionado.


ALERTA: CREASTE UNA PARADOJA TEMPORAL


El cine de culto en Back To The Future introdujo de forma magistral y entretenida las implicaciones de una paradoja temporal. De hecho, el mismo título de la película es una paradoja, ¿cómo puede alguien regresar (pasado) a su futuro (lo por venir)? Si encuentras que se está poniendo complicado, es que acabas de entender lo que una paradoja es: un problema de la realidad que no logra armonizar pasado, presente y futuro.


En 22/11/63 de Stephen King, un profesor de literatura inglesa descubre la manera de viajar al pasado a través de lo que él mismo llama un agujero de conejo. En la novela, la misión que tendrá el protagonista es impedir que ocurra un evento que horrorizó y cambió el curso de la historia del mundo, el asesinato de John F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos.


La gente siempre se ha preguntado cómo sería el mundo de Kennedy no haber sido asesinado. Hay quienes han dicho que tal vez la guerra de Vietnam no hubiera ocurrido, y que por tanto muchos de los disturbios y malestares sociales de la época, incluyendo las manifestaciones hippies, nunca hubieran sucedido. Y como Kennedy era muy popular en su tiempo hay quienes piensan que el desarrollo de EEUU hubiera sido todavía mayor alque hoy posee.

La gente siempre se ha preguntado cómo sería el mundo de Kennedy no haber sido
asesinado.


Sin embargo, en la trama de la novela de King el agujero hacia el pasado siempre desemboca en 1958, cinco años antes del atentado presidencial. Lo que significa que George, el alias asumido por el protagonista cuyo verdadero nombre es Jake, debe hacer su propia vida hasta llegar al día y hora exacta para detener (asesinar) al asesino del presidente, Harvey Lee Oswald.


George o Jake consigue trabajo, se adapta a la época pues él procede del 2011, se enamora, hace amigos, gana apuestas sabiendo de antemano qué habría de suceder, en una palabra… espera. Y llega la fecha. El profesor de literatura cambia la historia.


Ahora uno se pregunta: ¿cómo será el nuevo futuro?


¿UN FUTURO MEJOR?


A las 12:30 pm. el 22/11/63 George impide el asesinato del presidente.


La historia cambia. El presidente le agradece y después de no pocos inconvenientes con la policía, logra volver en el tiempo a su época en 2011 para ver el tipo de futuro que ha logrado.


Lo que encuentra lo deja petrificado.


Entre muchos otros sucesos fatídicos del nuevo futuro se encontraba que había explotado una planta nuclear en uno de los estados del país que por vía de consecuencia estaba emitiendo mucha radiación que estaba afectando a la gente con terribles enfermedades de la piel y con cáncer. Grandes terremotos ocurrían por todo el mundo y algunas islas de Japón habían desaparecido. Los movimientos de los derechos civiles nunca se produjeron. Rusia se hundió. El Oriente Próximo ardió en llamas. Paul McCartney se quedó ciego. Y miles de personas en el mundo se estaban suicidando por la desesperanza que reinaba.


Hacia el último acto de la narración el protagonista se convence de lo oscuro y desastroso que ha resultado este otro nuevo futuro, y hace lo inimaginable para reiniciar todo y restablecer el curso de la historia tal cual había ocurrido originalmente.


LA SOBERANÍA DE DIOS EN EL TIEMPO Y LA HISTORIA


Cuando decimos que Dios es soberano estamos afirmando que el Dios de la biblia ejerce un gobierno absoluto sobre todos los aspectos de la realidad. Esto es así por un motivo fundamental, él es esencialmente creador y rey. Pero además es Todo-Sabio, y por tanto, todo lo sabe (lo que fue, lo que pudo haber sido pero no fue; lo que es, lo que puede ser pero no es; lo que será, lo que puede llegar a ser pero no será). Más aun, existe fuera del tiempo, lo que quiere decir que no está limitado ni al pasado ni al presente ni al futuro. Lo que significa que puede ver y conocer el tejido de la realidad (R = P1 + P2 + F) en un mismo instante. Cuando el futuro se convierte en pasado ya Dios estuvo. Cuando el futuro se vuelve presente ya Dios está. Y lo mismo con cada variable de la realidad.

Cuando decimos que Dios es soberano estamos afirmando que el Dios de la biblia ejerce un gobierno absoluto sobre todos los aspectos de la realidad.


Dios es un continuo presente.


La biblia registra que cuando le reveló parte de su naturaleza a Moisés (Éxodo 3:14), le dijo:


Yo soy el que soy.


También se traduce como:


Yo seré el que seré.


Y si es, también fue.


Cuando revela parte de su naturaleza (Apocalipsis 22:13) dice:


Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin.


El tiempo no lo contiene como a nosotros. Él contiene al tiempo.


Todavía hay más: Él determina los tiempos y las épocas, los sucesos y los acontecimientos y nadie puede decirle: ¿qué haces? o ¿por qué me has hecho así?


Y tú, hombre, ¿quién eres para pedirle cuentas a Dios? ¿Acaso la olla de barro le dirá al que la hizo: «Por qué me hiciste así? (Romanos 9:20).


Él cambia los tiempos y las épocas, pone y depone reyes. A los sabios da sabiduría, y a los inteligentes, discernimiento.
(Daniel 2:21).


De manera que la historia, las épocas, los eventos y sus detalles son establecidos por Dios.


El mismo Cristo en quien también nosotros participamos de la herencia a la que hemos sido destinados de antemano según el designio del Dios que todo lo hace de acuerdo con los planes de su libre decisión. (Efesios 1:1).


¿Puede alguien alterar el pasado? No.


Por una poderosa razón: Dios reina, y todo lo que sucede acontece por la ejecución de su voluntad.


¿Dios es autor de lo malo que les pasa a las personas y en la historia? No.


Dios utiliza el mal para sus planes de tal forma que todo resulta conforme a sus propósitos, aunque Él mismo no es autor de pecado ni origen del mal.


¡Esto sí que es una paradoja!


EL VIAJE DEL HÉROE


¿Dije que no es posible viajar en el tiempo? La verdad es que sí se puede. Y de una manera distinta a la ficción. De una forma que no provoca paradojas ni desastres. Todo lo contrario, produce el mayor bien de toda la historia humana e incluso del universo.


Es posible al menos para una persona. Y no es George o Jake, ni Terminator, ni el Doc. de Volver al futuro. El héroe que salva a la humanidad de un desastre atroz y que aparece justo a tiempo para cambiar la historia se llama: Jesucristo.


Dios decidió enviar a su Hijo para que naciera como un bebé en el tiempo y la época exacta para revertir el gran desastre universal.

Dios decidió enviar a su Hijo para que naciera como un bebé en el tiempo y la época exacta para revertir el gran desastre universal.


Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer (Gálatas 4:4).


Se introdujo en el espacio y el tiempo en la época del imperio romano, sin crear ninguna paradoja temporal por la razón de que no habitaba en el tiempo, y por tanto la maquinaria del tiempo no percibió ninguna contradicción o desarmonía. O paradoja.


Y el reto no era esperar cinco años, como en 22/11/63 sino 33. El Hijo de Dios adoptó el nombre de Jesús y se adaptó a la época. Trabajó, tuvo amigos, compró, comió y bebió de manera perfecta, sin alterar la armonía del tejido de la realidad. En una palabra… esperó. Y llegó la fecha. El Hijo de Dios cambió la historia.


UN FUTURO MEJOR


En el día y la hora exacta de acuerdo al plan eterno de Dios, Jesucristo fue asesinado en una cruz, derramando sangre y pagando la eterna deuda moral y espiritual del ser humano para con Dios. Y el que no había cometido ningún pecado fue tratado por Dios como el más grande de los pecadores, para que el pecador (nosotros) fuéramos tratados como inocentes.


Dios hoy (presente) te ofrece salvación de la condenación eterna (futuro) por medio de la obra de Jesús en la cruz (pasado) para que tengas vida eterna (tu nueva realidad).


Sólo te dice que te arrepientas de tus pecados y confíes solamente en él para la salvación de tu alma.

Los Miserables

Por Esmeraldo V. Nolasco.

El intelectual y novelista romántico francés, Víctor Hugo, escribió una de las obras literarias más emblemáticas de las letras francesas. Son ya centenas las obras de teatro y musicales que se han inspirado en esta monumental pieza de arte. Retrata la realidad social de la época con una mirada tan incisiva como dramática. Nos muestra contrastes, conflictos y contradicciones en sus personajes; un argumento impecable; una trama inquietante, pero sobre todas la cosas, es la transformación de uno de sus personajes principales lo que nos hace mirar de cerca el valor tan completamente extraordinario de la historia. Me refiero a Los Miserables.

EL VAGABUNDO JEAN VALJEAN

Víctor Hugo construye con habilidad un personaje sobresaliente que marca el ritmo de la historia. Su nombre es Jean Valjean; un hombre taciturno, golpeado por la desgracia, cuya vida consiste en encontrar alimento para su hermana y sobrinos, y luego para él, de ser posible; Pero la sociedad francesa de la época no es lo que se diría empática.

Jean Valjean también es un hombre de principios morales y de trabajo. Sin embargo, los acontecimientos en su vida y en la de su familia cada vez más se van volviendo frustrantes, confusos y desalentadores. Pierde su trabajo y, sin haber sido nunca un ladrón, decide robar alimentos en una tienda, no para sí mismo, sino para su familia.

Nuestro personaje pasa tiempo en la cárcel, tratado como un deplorable ladrón. Es fichado por la policía de la ciudad. Su carácter bonachón empieza a transformarse en una amargura silente, antisocial, incomprendido, sin nada que ganar, pero tampoco nada que perder. Ahora ya no es el mismo; ahora es un enemigo público, un verdadero antisocial.

Después de años encarcelado, Jean Valjean sale. Pero, ¿hacia dónde va ahora? No conoce a nadie fuera. Su mundo era la cárcel. Y cuando comenzaba a adaptarse, muchos años después, ahora obtiene libertad para andar por las calles de la Francia Napoleónica.

Vaga por las calles. Busca albergue; pero nadie lo quiere en el suyo, aunque pague por ello. Todo el mundo sabe que anda suelto, y los policías que rondan por la ciudad lo conocen y lo acosan. Tiene hambre; y aunque pague, no encuentra comida, pues ningún cocinero lo quiere en su establecimiento. Jean se vuelve quizá un poco más amargo, quizá un poco mas resentido; sin embargo, en su momento más oscuro sintiendo el rechazo de todos, encuentra un hombre, uno solo, que lo acoge para mostrarle el camino de la redención. Este hombre es el obispo Myriel.

EL OBISPO MYRIEL

¿Qué ocurre cuando un vagabundo impío se encuentra con la gracia de Dios? Esa es la pregunta que Víctor Hugo parece querer responder en la narración que sigue.

En una noche helada por la nieve que caía, el vagabundo toca desesperado -seguro de que su ruego será denegado como todas la veces anteriores- las puertas de un albergue religioso. Para su sorpresa es invitado a pasar. Come. Bebe. Es vestido. Le ofrecen cama. Pero sobre todo, incrédulo, no comprende el comportamiento tan… compasivo, alegre, paciente, dulce y sabio del responsable de su nuevo bienestar: el buen hombre Myriel. El obispo.

El obispo Myriel es un hombre poco interesado. A diferencia de la mayoría de los hombres de la sociedad francesa retratada en la novela que eran materialistas groseros. Es evidente que Myriel practica el evangelio porque no sólo se limita a dar albergue al vagabundo desconocido, sino que también se muestra muy contento de tenerlo cenando allí, en esa casa del Señor.

Pero el miserable vagabundo Jean Valjean es un hombre peligroso. No lo era antes, pero eso hace ya mucho tiempo. Ahora todo es diferente; y aunque se encuentra conmovido, confundido y agradecido de Dios y el obispo por tan maravillosa acogida, sus bajos instintos comienzan a sugerirle cosas impensables de hacerle a un hombre que tanto bien le había hecho. Es entonces, sintiendo irreprimibles sus pasiones, cuando al amanecer del otro día se marcha antes de que todos se levanten en el albergue, robando utensilios costosos muy valorados por el obispo.

En el albergue todos los sirvientes se alarman por lo ocurrido. Criticando por lo bajo la tanta bondad mostrada por el obispo a un hombre desconocido que a todas luces era un vagabundo y sabía Dios qué más. El obispo, sin embargo, sabio por demás, no emite opinión sino que calla. Medita. Al poco, retoma alegremente su quehacer sin dar mayor importancia a lo sucedido.

GRACIA SOBRE GRACIA

En cuestión de horas los rumores se han esparcido por la ciudad y la policía se dispone a encontrar a ese vagabundo que tantas ganas tiene de mandar nueva vez a la cárcel, si tan sólo tuvieran un motivo probable. Una evidencia. Es así entonces cuando llevan a Jean apresado ante el obispo en el albergue, acusándole de ser este mismo el ladrón responsable del crimen esa misma mañana. Lo encontraron con las pertenencias de Myriel en las manos. Un Jean Valjean miedoso y desesperanzado contempla al padre mientras el policía habla con el obispo. Lo que pasa a continuación es todavía más aterrador y pulveriza todo lo experimentado por el vagabundo hasta ese momento: el padre conversa pacientemente con el policía, genuinamente contento de volver a ver al vagabundo, diciéndole que podía y debía soltar a este ciudadano porque él no era ningún ladrón, que todo lo que encontraron en su posesión le pertenecía antes pero que se lo había regalado a Jean Valjean.

Un muy confundido miserable vagabundo contrariado en su naturaleza, abrumado por una bondad desconocida, conmovido hasta las lágrimas por tan grande misericordia, maravillado por tan increíble gracia, expresaría luego su deseo de cambiar, un deseo sembrado y abonado por el obispo.

La redención que trajo la gracia mostrada por el obispo Myriel a un vagabundo miserable Jean Valjean, lo transformaría en un gran empresario industrial, muy respetado en toda Francia. Su nombre ya no sería Jean, ni su apariencia la de un vagabundo. Ahora su nuevo yo se llamaría Monsieur Madeleine. Y su apariencia la de un gran empresario.

JESÚS Y LOS MISERABLES

En el sermón del monte nuestro Señor nos dijo que el reino de los cielos pertenece a los que reconocen su bancarrota espiritual; su insolvencia moral. Es cuando el ser humano abandona su orgullo y autosuficiencia delante de Dios cuando su gracia obra un milagro en el interior del hombre.

Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.

Mateo 5:3.

Más aun, antes de que el pecador rebelde reconozca su necesidad de perdón, y mereciendo la condena eterna, el amor de Dios nos persigue en su bondad incomprensible y su inmensa gracia para restaurarnos y transformarnos.

Ese conocimiento desarma al más endurecido pecador. Es entonces cuando guardar sus mandamientos y seguirlo ya no es una carga. Más bien es un poderoso motor que mueve el corazón en amor y adoración.